Tuesday, February 19, 2019

Tío tigre y tío conejo

Tío tigre y tío conejo
Las palabras están en la punta de la lengua, las ideas y emociones a flor de piel. Los recuerdos de experiencias han rondado durante mucho tiempo mi cabeza persuadiéndome de las más diversas maneras con diferentes ideas y estrategias para plantear y continuar mi trabajo escritural en este espacio virtual comprometido principalmente con la promoción de la lectura.
Una idea popular dice que “la experiencia es como un jarrón chino, porque así como una vez que la tienes ya no te sirve para evitar los errores que cometiste por no tenerla, tampoco le servirá a los demás, quienes la desestimarán al valorar como más positivo los aprendizajes que puedan derivar de la suya propia”. En aras de lograr contravenir ese pensamiento y como creemos desde aquí que eso puede no ser tan así, seguimos dedicando líneas de experiencias, retazos de momentos e instantes en las cuales se ha tenido como protagonista al niño y su interacción con el libro.
Se desarrollará en este escrito las ideas introducidas en el texto que se presentó el 10 de julio del 2016. En la parte final del mismo se estableció que como uno de los próximos puntos a trabajar se incluiría la presentación de “los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo” de Adolf Ernst provenientes del fondo bibliográfico de la Biblioteca Elías Toro del Colegio Santiago de León de Caracas. Empecé a trabajar en el colegio Santiago de León de Caracas en noviembre del 2004 como docente bibliotecario. En ese momento me impresionó muy positivamente la existencia de tres salas, una para preescolar, una para primaria y una última para bachillerato o sala preuniversitaria. Asimismo me llamó mucho la atención la existencia de las obras completas de Adolf Ernts como parte de la Obras Generales de la sala preuniversitaria.
Ya las conocía por referencia pues por ese entonces (año 2003-2004) estaba leyendo los 2 tomos de las Obras de Lisandro Alvarado, quien al hablar sobre la población indígena de Venezuela o el español de Venezuela cita con frecuencia al autor antes referido, por lo que yo ya sabía que era algo muy importante. No pude sino acercarme ocasionalmente en las horas administrativas a revisar con alguna curiosidad y no menos expectación parte del contenido de la Colección antes referida y cuál no sería mi sorpresa al encontrar en español y en alemán los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo.
Era fascinante. Unos personajes del saber popular que se remontan en el tiempo hasta perderse en los confines de la época de la conquista y colonización, mimetizándose en ese devenir temporal y geográfico pasando “la transformación de un cuervo engreído a un perro altanero; la de la zorra (o) astuta (o), ingeniosa (o) y adulante a un tío conejo astuto, pícaro y gracioso” (Navas, 1996, p.214). Ernst (1987) transmite la idea de que esta metamorfosis viene de más atrás pues la parte débil no es sino una “tortuga que sobrepasa en astucia al tapir, al jaguar, al venado y aún al hombre” (p. 293). Este autor sostiene que parece seguro que la personificación del conejo es una traslación trasatlántica, pues el animal es desconocido en Venezuela para la época de la llegada de los españoles, en cambio España ya era famosa como el país de los conejos.
Como argumento de que esta temática es de vieja data, tómese en consideración, que según Navas (1996) el origen de “Tío Conejo” es africano, y que desde allí llegó a nosotros con los esclavos negros (p. 214). De esta manera se trata de un cuento de la tradición oral, que ha existido siempre en nuestra América con diferentes personajes que tratan el mismo asunto, la lucha del poder de un personaje fuerte e imponente contra la viveza y astucia de uno pequeño pero inteligente como Tío Conejo.
En esta oportunidad se ha encontrado que Los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo los versionan con su público específico, su propio estilo y su lenguaje característico autores como Antonio Arráiz (1980), Rafael Rivero Oramas (1995), Leopoldo Berdella de la Espriella (1996). De igual manera se encuentra que lo hace Adolf Ernt (1987), de quien podemos concluir que escribió originalmente mucho antes de Lisandro Alvarado (1984), pues en sus Obras Completas cita trabajos del autor germano en cuestión que se remontan al año 1885, y además informa que muere en 1899, por tal razón se tomará como fuente primaria a Adolf Ernts, por ser la fuente de más vieja data con la que se cuenta. Esto no quiere decir que eventualmente no se haga un alto para trabajar las versiones de uno de los autores mencionados anteriormente. Sobre todo para aprovechar la poética y el lirismo con la que Arráiz (1980), por ejemplo, presenta sus personajes. Un ejemplo lo tenemos en el siguiente soneto que declama el Cucarachero, cuando está en su más libérrima condición:
¡Qué linda luce la luna Enredada entre las cañas! ¡Que loca fue mi fortuna Que se enredó en tus pestañas! La noche tiene una luna La luna tiene un lunar. Tiene un cantar la laguna Tiene un nombre el cantar. ¿Quién te mojó con la luna? ¿Quién te envolvió con la brisa? ¿Quién te diera una a una, Las cuentas de tu sonrisa. ¡Qué enamorada la luna Que se muere en el juncal! ¡Quién me diera la fortuna De morir del mismo mal! (p.18)
El recurso lírico o poético es usado de igual manera por Rivero Oramas (1995), versión que rescata Ekaré en el año. En esta ocasión la poesía es usada no sólo con el propósito de embellecer el lenguaje, sino con el de hacer accesible a la memoria de los niños lectores una enumeración de cosas que debía buscar Tío Conejo. De acuerdo a las versiones comentadas tío Conejo en medio de su deambular hacia la orilla del río recitaba la siguiente estrofa: “Un colmillo de caimán Busco de cualquier manera Y también una culebra Que llaman la sabanera. Busco lágrimas de tigre Y, aunque haya complicación, Yo conseguiré un pelito De las barbas de Tío León.” (p. 73). ¿Y a partir de qué surgió la necesidad por parte de Tío Conejo de hacer esta enumeración? Fue a partir de lo que le dijera Tío Zamuro que requería como valor de intercambio por su Piedra. Según Tío Morrocoy, todos los animales de la selva consideraban a la misma un amuleto, un talismán lleno de poderes mágicos capaces de subsanar las deficiencias de tan sólo la posesión de veloces piernas de tío Conejo, por ejemplo. Sin embargo, la aleccionadora respuesta de Tío Zamuro nos invita a todos, incluyendo a los niños a asumir una actitud reflexiva. Él dijo:
-“Esta es una piedra de estas montañas que mis hijos y yo hemos alisado afilando nuestros picos en ella. Es una piedra cualquiera y no puede darte ningún poder. (…) -El poder no está en la piedra – continuó el Rey Zamuro- sino en ti mismo. Guárdala para que recuerdes que sin ella lograste cuatro cosas casi imposibles. Tío Conejo bajó sin prisa de la montaña. Guardó la piedra del Zamuro y cada vez que lo persigue Tío Tigre, toca su amuleto y se acuerda de sus cuatro azañas. Entonces el mundo le parece más luminoso y sus piernas más veloces” (p. 77).
El hecho que un día del año antepasado llegaron durante su recreo y en el transcurso del segundo o tercer lapso tres niños de 5º grado (Simón, José María y Alexander, se han cambiado los nombres) a la Biblioteca. Llegaron como para esconderse en medio de su juego, de otros amigos. Les dijimos que la Biblioteca no era para jugar, sino que era para estudiar, leer o hacer tarea y les pusimos como condición que sólo podían leer los libros que estaban en el área abierta de la sala. Me acerqué a mostrarles los cuentos de Tío tigre y tío Conejo antes referidos, no sin antes haber explorado sus intereses. Cuál no sería nuestra sorpresa que llegaron en todos los recreos de lo que quedaba de su 5º grado (2º y 3º lapso) y volvieron en buena parte de su sexto grado. En muchos de estos encuentros leyeron a Adof Ernts, pero como al mes o mes y medio le comenté a Simón si quería que le mostrara de dónde yo había aprendido de este autor, a lo que pasé a mostrarle las obras completas de Lisandro Alvarado. Entonces quedó tan impresionado con los párrafos leídos que tuvimos que catalogarlo y procesarlo pues volvía todos los días para chequear si ya se lo podía llevar prestado a su casa por unos días para leer y cureosiarlo con más calma.
Tenían apenas 11 años. José María se inclinó por otro libro. Sin embargo, como ya dije, en sexto grado volvieron y ahora la historia del libro de Adolf Ernst se repitió con otra niña que trajeron con ellos, en este caso Karen. Si Quieres ver las versiones del Cuento de “Tío Tigre y Tío Conejo” de Adolf Ernst dirígete al cuadro ubicado debajo del de los Seguidores de este blog.
Si quieres leer la tesis "Tío Tigre y tío Conejo de la mano de Antonio Arráiz" pulsa el siguiente hipervínculo http://biblioteca2.ucab.edu.ve/anexos/biblioteca/marc/texto/AAR7114.pdf Referencias - Arraiz, A. (1995). Tío Tigre y Tío Conejo. Caracas. Venezuela: Monte Ávila Editores. - Banco del Libro ( 1992). La piedra del Zamuro. Caracas. Ekaré. - Navas, G. (1996). Introducción de la Literatura Infantil II. De la Edad Oral de la Literatura hasta nuestros días. Caracas. Venezuela. Fondo Editorial UPEL. - Rivero Oramas, R. (1995). El Mundo de tío Conejo. Caracas: Ekaré. - Imágenes de las postales http://www.estampillasvenezolanas.com/_tio_tigre_tio_conejo.php