Friday, August 22, 2008

Recomendando autores para niños y adultos


Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura
Curso: Lectura para Niños y Jóvenes
Profesora: Norma González Viloria

Víctor Mendizábal



Nació en Málaga, Santander. Es licenciado en Literatura de la Universidad Javeriana de Bogotá. Fue miembro de la Unión Nacional de Escritores y del Consejo de Redacción de la Revista “Puesto de Combate”. Dirige talleres de literatura infantil y el teatro de niñas “La Manzana Azul” en Pamplona, Santander. Entre sus principales obras están: “La silla que perdió una pata”, “La Media Perdida”, “La lagartija y el sol”, “El león que escribía cartas de amor”, editados por Carlos Valencia. “Los casibandidos” que casi roban el sol editado por Fondo de Cultura Económica de México. Asimismo ha sido ganador en varios concursos, entre los que cabe mencionar: Primer premio en el Concurso Enka de Literatura Infantil 1989 con la novela “Las batallas de Rosalino”. Premio Comfamiliar del Atlántico, 1992, con la obra “Caperucita Roja y otras historias”, Premio Colcultura 1993 con el libro de cuentos “La muchacha de Transilvania”.

El cuento “Caperucita Roja” ha sido reeditado por Panamericana Editorial, 1996, junto con otros cuentos, con el título “Caperucita Roja y otras historias perversas”, en los que recrea los cuentos maravillosos, logrando una parodia llena de humor e ironía a través del recurso de la modernización de elementos, situaciones y personajes. Es por ello, debido a la genialidad de este texto que se reproduce a continuación para el disfrute de los lectores.


Ese día encontré en el bosque la flor más linda de mi vida. Yo, que siempre he sido de buenos sentimientos y terrible admirador de la belleza, no me creí digno de ella y busqué a alguien para ofrecérsela. Fui por aquí, fui por allá, hasta que tropecé con la niña que le decían Caperucita Roja. La conocía pero nunca había tenido la ocasión de acercarme. La había visto pasar hacia la escuela con sus compañeros desde finales de abril. Tan locos, tan traviesos, siempre en una nube de polvo, nunca se detuvieron a conversar conmigo, ni siquiera me hicieron un adiós con la mano. Qué niña más graciosa. Se dejaba caer las medias a los tobillos y una mariposa ataba su cola de caballo. Me quedaba oyendo su risa entre los árboles. Le escribí una carta y la encontré sin abrir días después, cubierta de polvo, en el mismo árbol y atravesada por el mismo alfiler. Una vez vi que le tiraba la cola a un perro para divertirse. En otra ocasión apedreaba los murciélagos del campanario. La última vez llevaba de la oreja un conejo gris que nadie volvió a ver.

Detuve la bicicleta y desmonté. La saludé con respeto y alegría. Ella hizo con el chicle un globo tan grande como el mundo, lo estalló con la uña y se lo comió todo. Me rasqué detrás de la oreja, pateé una piedrecita, respiré profundo, siempre con la flor escondida. Caperucita me miró de arriba abajo y respondió a mi saludo sin dejar de masticar.

– ¿Qué se te ofrece? ¿Eres el lobo feroz?

Me quedé mudo. Sí era el lobo pero no feroz. Y sólo pretendía regalarle una flor recién cortada. Se la mostré de súbito, como por arte de magia. No esperaba que me aplaudiera como a los magos que sacan conejos del sombrero, pero tampoco ese gesto de fastidio. Titubeando, le dije:
– Quiero regalarte una flor, niña linda.

– ¿Esa flor? No veo por qué.

– Está llena de belleza –dije, lleno de emoción.

– No veo la belleza –dijo Caperucita–. Es una flor como cualquier otra.

Sacó el chicle y lo estiró. Luego lo volvió una pelotita y lo regresó a la boca. Se fue sin despedirse. Me sentí herido, profundamente herido por su desprecio. Tanto, que se me soltaron las lágrimas. Subí a la bicicleta y le di alcance.

– Mira mi reguero de lágrimas.

– ¿Te caíste? –dijo–. Corre a un hospital.

– No me caí.

– Así parece porque no te veo las heridas.

– Las heridas están en mi corazón –dije.

– Eres un imbécil.

Escupió el chicle con la violencia de una bala. Volvió a alejarse sin despedirse. Sentí que el polvo era mi pecho, traspasado por la bala de chicle, y el río de la sangre se estiraba hasta alcanzar una niña que ya no se veía por ninguna parte. No tuve valor para subir a la bicicleta. Me quedé toda la tarde sentado en la pena. Sin darme cuenta, uno tras otro, le arranqué los pétalos a la flor. Me arrimé al campanario abandonado pero no encontré consuelo entre los murciélagos, que se alejaron al anochecer. Atrapé una pulga en mi barriga, la destripé con rabia y esparcí al viento los pedazos. Empujando la bicicleta, con el peso del desprecio en los huesos y el corazón más desmigajado que una hoja seca pisoteada por cien caballos, fui hasta el pueblo y me tomé unas cervezas. "Bonito disfraz", me dijeron unos borrachos, y quisieron probárselo. Esa noche había fuegos artificiales. Todos estaban de fiesta. Vi a Caperucita con sus padres debajo del samán del parque. Se comía un inmenso helado de chocolate y era descaradamente feliz. Me alejé como alma que lleva el diablo.

Volví a ver a Caperucita unos días después en el camino del bosque.

– ¿Vas a la escuela? –le pregunté, y en seguida caí en la cuenta de que nadie asiste a clases con sandalias plateadas, blusa ombliguera y faldita de juguete.

– Estoy de vacaciones –dijo–. ¿O te parece que éste es el uniforme?
El viento vino de lejos y se anidó en su ombligo.
– ¿Y qué llevas en el canasto?

– Un rico pastel para mi abuelita.

– ¿Quieres probar?
Casi me desmayo de la emoción. Caperucita me ofrecía su pastel. ¿Qué debía hacer? ¿Aceptar o decirle que acababa de almorzar? Si aceptaba pasaría por ansioso y maleducado: era un pastel para la abuela. Pero si rechazaba la invitación, heriría a Caperucita y jamás volvería a dirigirme la palabra. Me parecía tan amable, tan bella. Dije que sí.

– Corta un pedazo.

Me prestó su navaja y con gran cuidado aparté una tajada. La comí con delicadeza, con educación. Quería hacerle ver que tenía maneras refinadas, que no era un lobo cualquiera. El pastel no estaba muy sabroso, pero no se lo dije para no ofenderla. Tan pronto terminé sentí algo raro en el estómago, como una punzada que subía y se transformaba en ardor en el corazón.

– Es un experimento –dijo Caperucita–. Lo llevaba para probarlo con mi abuelita pero tú apareciste primero. Avísame si te mueres.

Y me dejó tirado en el camino, quejándome.
Así era ella, Caperucita Roja, tan bella y tan perversa. Casi no le perdono su travesura. Demoré mucho para perdonarla: tres días. Volví al camino del bosque y juro que se alegró de verme.

– La receta funciona –dijo–. Voy a venderla.

Y con toda generosidad me contó el secreto: polvo de huesos de murciélago y picos de golondrina. Y algunas hierbas cuyo nombre desconocía. Lo demás todo el mundo lo sabe: mantequilla, harina, huevos y azúcar en las debidas proporciones. Dijo también que la acompañara a casa de su abuelita porque necesitaba de mí un favor muy especial. Batí la cola todo el camino. El corazón me sonaba como una locomotora. Ante la extrañeza de Caperucita, expliqué que estaba en tratamiento para que me instalaran un silenciador. Corrimos. El sudor inundó su ombligo, redondito y profundo, la perfección del universo. Tan pronto llegamos a la casa y pulsó el timbre, me dijo:

– Cómete a la abuela.
Abrí tamaños ojos.

– Vamos, hazlo ahora que tienes la oportunidad.

No podía creerlo.

Le pregunté por qué.

– Es una abuela rica –explicó–. Y tengo afán de heredar.

No tuve otra salida. Todo el mundo sabe eso. Pero quiero que se sepa que lo hice por amor. Caperucita dijo que fue por hambre. La policía se lo creyó y anda detrás de mí para abrirme la barriga, sacarme a la abuela, llenarme de piedras y arrojarme al río, y que nunca se vuelva a saber de mí.

Quiero aclarar otros asuntos ahora que tengo su atención, señores. Caperucita dijo que me pusiera las ropas de su abuela y lo hice sin pensar. No veía muy bien con esos anteojos. La niña me llevó de la mano al bosque para jugar y allí se me escapó y empezó a pedir auxilio. Por eso me vieron vestido de abuela. No quería comerme a Caperucita, como ella gritaba. Tampoco me gusta vestirme de mujer, mis debilidades no llegan hasta allá. Siempre estoy vestido de lobo.

Es su palabra contra la mía. ¿Y quién no le cree a Caperucita? Sólo soy el lobo de la historia. Aparte de la policía, señores, nadie quiere saber de mí.

Ni siquiera Caperucita Roja. Ahora más que nunca soy el lobo del bosque, solitario y perdido, envenenado por la flor del desprecio. Nunca le conté a Caperucita la indigestión de una semana que me produjo su abuela. Nunca tendré otra oportunidad. Ahora es una niña muy rica, siempre va en moto o en auto, y es difícil alcanzarla en mi destartalada bicicleta. Es difícil, inútil y peligroso. El otro día dijo que si la seguía molestando haría conmigo un abrigo de piel de lobo y me enseñó el resplandor de la navaja. Me da miedo. La creo muy capaz de cumplir su promesa.

Wednesday, August 13, 2008

A Propósito de la "Tradición Oral"

Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura
Curso:Lectura para Niños y Jóvenes
Profesora: Norma González Viloria
Período Académico: 2008-I
Víctor Mendizábal
Literatura de Tradición Oral:
Llegó en barco de vacaciones y se quedó para siempre con nosotros

Quien haya ahondado un poco en la historia y evolución del lenguaje en nuestros países de Latinoamérica habrá tenido que remontarse hasta la época de la conquista y colonización, en la cual los misioneros se avocaron con verdadera dedicación al aprendizaje de las lenguas indígenas como una prolongación de su apostolado religioso, pues de esta manera, a través de la lengua, habría que penetrar en el mundo misterioso y temible de los indios, “no por abstracto afán científico, sino para comprender mejor al indio (con el propósito de) facilitar su catequización” (Rosenblat, 2002).

Tomando siempre en cuenta que “la lengua es la más alta creación humana, el repertorio más rico y elevado de los valores espirituales (…)” (Rosenblat, 2002, p. 389), los frailes se entregaron de lleno al trabajo lingüístico, por ello elaboraron artes, vocabularios, doctrinas, confesionarios y tradujeron los evangelios, las Epístolas y los Proverbios, en lengua indígena (Rosenblat, 2002), de esta manera, gracias al variado intercambio cultural se modificaron palabras, nombres, historias, leyendas y costumbres que fueron adaptadas al ser incorporadas al lenguaje de estas latitudes.

Un ejemplo patente de lo antes dicho lo encontramos en muchos nombres de América, por ejemplo a los indios habitantes de la tierra del fuego “Magallanes los llamó patagones, porque le recordaban (…) al monstruo Patagón, uno de los personajes de Primaleón, la popular novela de caballería de la época” (
Rosenblat, 2002, p.132), y de allí se concluye fácilmente a partir de dónde surge el nombre de Patagonia.

Sin embargo, las palabras y nombres no fueron las únicas sazonadas de mestizaje, pues la cuentística popular, y dentro de ella los cuentos de hadas, también fue adaptada a las nuevas necesidades y costumbres del criollo.


El Mestizaje del Cuento:
De los cuentos maravillosos españoles a los cuentos folcklóricos venezolanos.

El cuento maravilloso es una clase particular de los cuentos populares y que más ampliamente son denominados “de hadas”, “de encantamiento” o “fantásticos”, transmitidos, como todos los cuentos populares, de forma oral, sin que esta transmisión afecte a una determinada estructura narrativa, la cual se mantiene intacta, a pesar de todo lo que pueda variar el cuento, para que así, finalmente ayuden al niño a no dejarse vencer por las dificultades de la vida, aún cuando esté consumido por la sospecha de que sus padres no lo quieren (como en nuestro cuento) (Betelheim , 2000).

Sus funciones según Bettelheim (c.p. Fundalectura, 2000) son:

  • Transmitir la idea de que el proceso de separación e individualización, aún siendo muy doloroso, es una tarea ineludible de crecimiento que resultará para bien.
  • Dar a entender que para triunfar en la vida debemos afrontar los problemas resueltamente y con valor moral.
  • Devolver al niño su confianza en el futuro cuando la ha perdido, al tiempo que desarrolla un sentido de moralidad si se desea un final feliz a su proceso de crecimiento.
  • Decir que los buenos siempre son ayudados y recompensados y que al final triunfan.

En el caso del cuento maravilloso español “es un relato construido según la sucesión regular de las funciones citadas en sus diferentes formas, con ausencia de alguna de ellas en tal o cual relato, y repeticiones de otras en tal otro (y que) podrían ser designados como cuentos que siguen un esquema con siete personajes” (Propp, 1960; c.p. Almodóvar, 1986), que según Propp (1972, c.p. Salas, 1985) son cuentos que partiendo de un daño o una carencia llegan, después de haber pasado por funciones intermedias , a bodas u otras funciones utilizadas como desenlace tales como una recompensa, una conquista o la eliminación de un daño.

Como complemento de los cuentos maravillosos españoles, que fueron transformados ligeramente y adaptados una vez que llegaron a América, encontramos al cuento folcklórico, que designa a los relatos existentes entre los iletrados y analfabetos de nuestra propia cultura, que en un sentido un poco más ampliado, aunque siguiendo los criterios de Aarne y Thompson en la elaboración del índice de cuentos folcklóricos, corresponde a aquellas narraciones constantes y orales encontradas en el área de tradición conformada de la India a Irlanda y las tierras ocupadas por pobladores provenientes de estas áreas (Salas, 1985).

En este sentido el cuento folkclórico, dentro del contexto de este trabajo se aplica a aquellas narraciones de tradición oral cuya vía de introducción a nuestro país se realizó a través de España.

En particular se desarrollará y analizará el caso la transformación del cuento “la Niña sin Brazos”, el cual, en líneas generales trata sobre una muchacha más bonita que su madre, quien debido a la envidia que siente decide cortarle ambos brazos y dejarla en medio del bosque a su suerte. Transcurrido cierto tiempo, un príncipe la consigue, se casa con ella y tiene un hermoso bebé, el problema fue que más tarde el príncipe (ahora Rey) tuvo que hacer un largo viaje por mucho tiempo y a causa de una trampa que hizo una bruja con la correspondencia que se enviaban, la mamá del Rey expulsa a su esposa del castillo junto con su niño.

Con el transcurrir del tiempo a la mujer se le cayó el niño en la laguna y ante la desesperación y la impotencia de no poder rescatarlo debido a su discapacidad física, milagrosamente le salieron unos brazos con los cuales ahora sí pudo rescatar a su criatura. Más tarde encontraron una casa en medio del bosque en la cual se quedaron a vivir pero con el tiempo llegó el Rey buscando un poco de descanso. Fue recibido con mucha hospitalidad por su esposa, quien no se identificó, sino hasta servirle la cena, dentro de la cual estaba el anillo de bodas, con lo cual el Rey la termina de recordar y la lleva nuevamente a su palacio. (ver en los anexos el cuento completo , tanto en la versión española como en la venezolana).

En este punto valga la acotación que según Bettelheim (c.p. Fundalectura, 2000) esta soledad de “la niña sin brazos” junto a su hijo en medio del bosque impenetrable es una antigua imagen literaria que expresa la necesidad del personaje de conocerse a si mismo.

Como se puede apreciar en la versión española del cuento, el heroísmo esta ligado más a la culpabilidad o a la corresponsabilidad, que a la libre decisión de intervenir, lo cual parece obedecer a todo un rasgo fundamental de nuestra cultura (Almodóvar, 1986). Así, por ejemplo, en el caso que nos ocupa del cuento de “La Niña sin Brazos”, el héroe que rescata a la niña (ahora mujer) que en un inicio no tenía brazos, es el príncipe quien también fue, en cierto sentido, el culpable de que la botaran del castillo, ya que fue debido a su supuesta carta que ella se fue.

Otra característica de este cuento, en su versión española, es que el héroe no resulta claramente encargado de realizar la hazaña que reparará la fechoría del agresor, porque no existe un verdadero mandamiento y una aceptación o no por parte del héroe para actuar (Almodóvar, 1986), lo cual queda evidenciado puesto que el Rey llega a la casa de “la niña sin brazos” por casualidad, casi por error. Sin embargo sí se observa en el héroe, que tal como dice Colomer (1999) por ser hombre, se caracteriza por dominar los terrenos del poder, la aventura, la riqueza y la jerarquía social

Un rasgo que llama la atención es la identificación del héroe con la propia víctima, la cual de alguna manera es culpable de la carencia (Almodóvar, 1986). En nuestro cuento se aprecia esto puesto que al final se queda el lector pensando, si el héroe fue el Rey que rescató nuevamente a “la niña sin brazos” o fue ella porque rescató a su hijo de morir ahogado, a pesar de que inicialmente no tenía brazos. Por otro lado, se pudiera argumentar que la víctima del engaño del cambio de las cartas fue el Rey puesto que en todo momento creyó que su mensaje había llegado tal cual él lo escribió, ¿o fué “la niña sin brazos” quien fue despedida injustamente del castillo?

Es sumamente significativo que aparece el escrúpulo social de la heroína, al tiempo que ha perdido uno de sus atributos fundamentales, puesto que está sin brazos, por consiguiente la lucha de clases o el intentar salvar las diferencias de esta índole no aparece nunca y el único modo de escapar de la pobreza es el matrimonio, ya que se ha caído en desgracia por culpa de un miembro de la familia (Almodóvar, 1986). De esta manera, tal como afirma Colomer (1999) la mujer se caracteriza por cosas típicamente hechas o deseadas por las mujeres, como ser madre y esposa.

“La niña sin brazos” es el cuento donde más claramente se aprecia la cuestión inicial del incesto y sus consecuencias, manifestado elocuentemente a través de símbolos, que lo disfrazan, y que a diferencia de otros cuentos categorizados, al igual que éste, como románticos, tales como La Cenicienta y Blancanieves, inicia con una boda en tanto que en los cuentos citados la boda es el objetivo final (Almodóvar, 1986)

Esta boda, es sumamente importante, pues por el hecho de no tener brazos, se sugiere la posible pérdida de la virginidad, a través de una relación sexual previa, por eso el que el príncipe decida casarse con la joven representa la recuperación social de la violada (Almodóvar, 1986), terminando así su papel determinado a partir “de la relación con su marido” (Colomer, 1999, p. 52).

Para comprender mejor el caso de los cuentos españoles, es menester empezar diciendo que fue el ruso Vladimir Propp, quien en 1958 publica un primer libro, llamado “Semántica Estructural”, y que gracias a él es que se logra establecer una clasificación de los cuentos bastante rigurosa, estableciendo a partir de la comparación de las características de cada grupo, que los cuentos maravillosos españoles posiblemente pertenezcan al mismo tronco indoeuropeo, que se extendió por toda Europa, y cuyos personajes tienen 37 funciones (Almodóvar, 1986) .

Los cuentos españoles respetan escrupulosamente la ley descubierta por Propp, según la cual el orden de las funciones de los personajes se mantiene aunque desaparezcan algunas de ellas, no obstante debe tenerse en cuenta que lo esencial para que un cuento español sea auténticamente maravilloso es la existencia de un objeto o auxiliar mágico, que sirva para reparar la fechoría o la carencia inicial, o superar una prueba (Almodóvar, 1986).

Una vez que pasan a América y que son adoptados e incorporados, con sus respectivas modificaciones a nuestro acervo cultural, el 62% de los cuentos maravillosos suelen comenzar con una carencia económica o en su lugar, reflejan, a lo largo de la narración, un ambiente de pobreza, en tanto que un 38% surgen a partir de carencias morales, intelectuales, afectivas o de un objeto deseado. Esta situación nos presenta un mundo de muchachas abandonadas o maltratadas por parientes crueles, de jóvenes en busca de una esposa o de un objeto, de padres desesperados para obtener lo indispensable para sobrevivir, niños abandonados, expuestos o prometidos voluntaria o involuntariamente.

Los cuentos maravillosos, al formular la lucha del bien sobre el mal, presentan a unos personajes manejados como marionetas por fuerzas sobrenaturales externas, que están en constante oposición. En estos cuentos la realidad es asumida como maravillosa y lo maravilloso crea su propio lenguaje, transparente y concordante con el mundo claro y ordenado representado en la narración, en la cual la acción del mal y las fuerzas ocultas de la naturaleza quedan derrotadas (Salas, 1985). .

En líneas generales, en los cuentos venezolanos es frecuente , por alguna razón, que dentro de la familia, la cual no es estable y está llena de maldad, sea la mujer la escogida para representar la parte del traidor o malvado, por eso en “La Niña sin Brazos”, la madre debido a la belleza de su hija, siente muchos celos y decide deshacerse de ella , después de cortarle los brazos (Salas, 1985). Asimismo, aunque puede darse el caso de que aparezca en otros cuentos, en “La niña sin Brazos”, la familia está compuesta únicamente por la madre abandonada a su suerte, quien puede tener algunos hijos, de quienes el menor resulta siendo el héroe, lo cual es exactamente lo que pasa en la historia de “La Niña sin Brazos”, ya que ella es abandonada en el bosque a su suerte y después su hijo la ayuda a sobrevivir.

Sin embargo algo que llama la atención, tanto en la versión española como en la versión folcklórica venezolana es el hecho de que la madre de “La Niña sin Brazos” no sea castigada, y esto responde al hecho de que como regla general los progenitores tienden a desaparecer de la acción del cuento para dar paso a las aventuras, del viaje y de la lucha que emprenden el héroe o la heroína (Salas, 1985). Por ello aunque triunfa la bondad y la belleza sobre la crueldad y la maldad, no se observa un sistema de castigos.

En los cuentos venezolanos, la belleza radica en el rostro, pero puede darse como una forma de manifestación externa de la bondad, de la misma manera que la fealdad es manifestación de crueldad. La belleza puede ser causante de desgracias en los cuentos maravillosos de nuestro país, así por ejemplo, en uno el diablo se enamora de una muchacha bonita, el padre desea a su hija bonita en otro, y en nuestro caso la madre mutila a su hija por la misma razón.

Para concluir, es digno de mencionar que en nuestros cuentos maravillosos el inicio generalmente refleja una situación de total empobrecimiento, sin embargo la intervención de lo sobrenatural y de la ayuda mágica como elementos solventadores de la carencia económica es menos frecuente que en otros cuentos.

Bibliografía

  • ALMODOVAR, R. (1986): Cuentos maravillosos: Biblioteca de la cultura andaluza.
  • BETTELHEIM, B.: La Función Psicológica del Cuento. En: Fundalectura, Banco del Libro (Comp.) (2000): Una Mirada al mundo del niño desde el mundo de la fantasía. Caracas.
  • COLOMER, T. (1999): Introducción a la Literatura Infantil y Juvenil. Madrid. Síntesis.
  • ROSENBLAT, A. (2002): El español de América. Biblioteca Ayacucho. Caracas.
  • SALAS, Y. (1985): El Cuento Folcklórico en Venezuela. Academia Nacional de la Historia.

Anexos

Fuente: Almodóvar (1985): Cuentos Maravillosos. Biblioteca Andaluza.

La Niña sin Brazos

Este era un leñador que todos los días tenía que ir al bosque a por leña para mantener a su mujer y a una hija muy guapa que tenían. Un día le salió un hombre de detrás de una encina y le dijo:
- Si me das a tu hija te haré el hombre más rico del mundo.
Y para demostrárselo le entregó un talego lleno de monedas de oro. El hombre regresó a su casa y le contó a su mujer lo que había pasado. Esta se puso muy contenta cuando vio tanto dinero y dijo que aunque se tratara del mismo Diablo le entregarían a su hija.

Al día siguiente el leñador volvió a hablar con el hombre del monte, que era el Diablo y quedaron en que a la hora de la siesta éste iría a recoger a la muchacha. Y así fue. Aprovechando que la niña estaba dormida, el Demonio la montó en su caballo y le entregó otro talego de monedas de oro a los padres. Luego se marchó a todo correr. Cuando la niña despertó, al ver que la llevaba un desconocido, hizo la señal de la cruz. Entonces el Demonio se enfadó mucho, paró el caballo, y con su cuchillo le cortó los brazos a la niña para que no pudiera hacer más la señal de la cruz. Luego la desnudó y la colgó por los pelos de la rama de una encina, y allí la dejó.

Muy cerca de aquél lugar se hallaba el palacio del rey. Un día se organizó una cacería y los perros del rey encontraron a la niña sin brazos . Desde entonces todos los días le llevaban la comida que a ellos les daban en el palacio, de manera que se iban quedando cada vez más flacos. El hijo del Rey decía:

- ¿Por qué estarán mis perros cada vez más flacos?, ¿Es que los criados no les dan de comer?

Pero los criados dijeron que sí y entonces el príncipe dijo que había que vigilar a los animales. El mismo fue detrás de ellos, y así descubrió a la hermosa niña colgada de un árbol. En seguida mandó que la bajaran de allí y se la llevó al palacio.

Al poco tiempo el hijo del Rey les dijo a sus padres que quería casarse con la niña sin brazos. Los padres dijeron que sería una deshonra casarse con una mujer que no pudiera criar a sus hijos. Pero el muchacho dijo que eso no importaba teniendo criados. Y se casó con la niña sin brazos.

Al poco tiempo murió el rey. El príncipe heredó la corona y su mujer fue reina. Pero pronto se declaró una guerra y el nuevo rey tuvo que irse a luchar. Estando en la guerra su mujer tuvo dos mellizos como dos luceros y se lo mandaron a decir al rey en una carta. Pero el diablo se hizo con ella en mitad del camino y puso otra donde decía que la reina había tenido dos monstruos. El rey escribió otra carta donde decía: “Que los críen hasta que yo vuelva.” Pero otra vez el demonio se hizo con la carta y escribió otra diciendo: “Coge a los mellizos y degüellalos inmediatamente.”

Cuando la reina leyó la carta se puso a llorar y pensó que a sus hijos no los mataría por nada del mundo. Le contó a su suegra lo que pasaba y ésta la ayudó a escaparse. Le puso unas alforjas sobre los hombros y metió a los mellizos en ellas, uno a cada lado.

La muchacha se fue camino adelante, venga a andar, venga a andar, hasta que sintió hambre y sed, lo mismo que sus hijos. Se acercó a un pastor y a una pastora que estaban por allí cerca y les pidió que le pusieran a sus hijos a mamar, uno en cada pecho. Y así lo hicieron. Luego se los metieron otra vez en las alforjas. Ella les preguntó que dónde podría beber y los pastores le dijeron que muy cerca había un arroyo y más adelante una casa donde podría quedarse.

La niña llegó al arroyo y se agachó a beber. Por más cuidado que puso, se le cayeron los dos niños al agua y al quererlos recoger para que no se ahogaran la salieron los dos brazos y con ellos pudo salvar a sus hijos.

Se puso en camino otra vez y cuando ya se iba haciendo de noche divisó una lucecita y se encaminó hacia ella. Llegó a una casa donde no había nadie y allí se quedó a vivir con sus hijos .

Al cabo de unos años ya el rey había vuelto de la guerra y estaba cazando por aquéllos lugares, cuando se le hizo de noche. Vio la luz de la casa y se dirigió hacia ella. En cuanto la muchacha abrió la puerta le pareció que la conocía de algo, pero no dijo nada. Los dos niños no hacían más que mirarlo también y él a los dos niños, fijándose en ellos y en su madre. Por fin le dijo a ella:

- Si usted no tuviera brazos…

Y siguió comiendo. Y al rato otra vez se lo dijo:

- Si usted no tuviera brazos…

La mujer había preparado de postre un pastel, y dentro había metido el anillo de bodas, de manera que cuando él se lo encontró comprendió de pronto que ella era su mujer y aquéllos sus hijos. Los abrazó y todos contentos regresaron al palacio donde vivieron felices muchos, muchos años.

Fuente: Salas, Y. (1985): El Cuento Folcklórico en Venezuela. Academia Nacional de la Historia.

Historia de la Niña sin Brazos

Había una muchacha. Una señora tiene una hija. Entonce, la muchacha ya va grande, ya va una señorita, y la muchacha es más bonita que la madre de ella. Entonce llega ella:

- ¿Qué hago con esta muchacha? Yo le voy a quitar los brazos.

Le quitó los brazos, los guindó en el mojinete de la casa. La misia ’tá inútil, ’tá mocha.

’Tonces, la muchacha, después que se hallaba en este estado, se jue pa’ una selva, pa’ una hacienda. Usté sabe que siempre en las haciendas hay partes que no las registran, no la’ caminan. Ai se metió la muchacha, allá vivía, a morirse allá la pobre muchacha. Desgraciadamente ahí se hallaba como una desamparada, que no tenía auxilio de nada.

El amo de la hacienda tiene un perro, y el perro, caminando por allá, halla la muchacha por allá en el bosque, metida. El perro comía las tres comía’ del día, como las come la gente, las comía el perro. Pero ese día no quiso comerse la comía que le habían puesto en el plato, le daba vuelta con el hocico a la comía así y aullaba mmmi, mmi. Y ese perro que no quiere comer la comía y tal. Tanto fastidiar aquel perro, el perro ahí:

- ¡Embale la comía a ese perro! – dice el dueño.

Le hicieron una jayaca de comía y ahí le metieron todos sus pedazos como la comía de la gente. El perro agarra esa hayaca de comía y se va corriendo: chas, chas, chas pal monte. Se la llevaba a la muchacha. La muchacha picaba con el diente y ái se comía la comía, él se comía lo que sobraba de la muchacha. La muchacha iba y acostada boca abajo, bebía su agua ahí en la fuente de agua que había.

Pero al largo tiempo de estar ese perro en ese tesón, el perro se ’taba desnutriéndose, no tiene la vida que tenía el perro, no ’tá comiendo la comía que le ponen, el perro se ’tá agotando. Entonce dicen:

- ¿Qué habrá pasado’ este perro? Porque ese perro ende que cogió esa manía de que se lleva embojotado esa comía… Alguna cosa tiene que hacer ese perro con esa comía, porque si se la comiera tuviera gordo; pero ese perro alguna vaina hace con esa comida. Yo voy a seguir ese perro.

Y se va el hombre, siguiendo al perro, tas, tas, tas. A lo mucho tiempo, el perro andando y él atrás, chás, chás, chás hasta que dentró al bosque y llegó Juan. La muchacha tenía una cama ái pisada con las patas, tenía su camita ahí donde dormía. Bueno. Y vio cuando el perro le puso la hayaca de comía y ¡tácata!, le peló los dientes y ¡paqui! Y desfarató y se pegó a comer. Ahora, va allá el hombre y la ve: una muchacha simpática. Dentró, entonce, a enamorar a la muchacha, que debía ser su señora de él. Y la mujer le decía:

- Pero bueno ¿qué aspira usté conmigo? Si no me está viendo mi estado. ¿Qué va hacer usted conmigo?
- No, yo me la llevo pa’ mi casa. Usté allá en mi casa no necesita naa, yo tengo mi madre. Mi madre me la viste, me la baña, mi madre me le da la comía, mi madre me le da too a usté. Usté no va a necesitar… Usté va a ser la señora mía. Yo me voy a casar con usté.

Bueno, usté sabe que siempre dicen que la mujer es la parte débil, se fue con él y se casó. Después que ella tiene largo tiempo viviendo ahí, lo nombraron jefe civil pa’ otro estao pa’llá. Pero la mujer está embarazada, la mocha.

Le dice:
- Bueno, mamá, yo me voy, ahí te dejo mi pobre mocha. Cuídame mi pobre mujer, no me la haga desprecio, cuídamela como siempre me la has cuidado.
- No te preocupes hijo, yo te atiendo a tu mujer.
- OK.

Se fue el hombre, tiene mucho tiempo trabajando. La mujer, la muchacha se desocupó de un muchachito varón; muy bonito el muchachito. Entonce, la madre cogió un papel y escribe:

- Estimado hijo:
Tu mujer se desocupó con un niñito lo más bonito, varón y esto, esto, esto y tal.

.. Aquí ’tamos buenos y tal’’.

Y lo manda con un portador. Un portador se llama un hombre así que es correo.
En el camino estaba la madre de la muchacha, la que le había quitao los brazos y dice:

- ¡Ah, buen amigo! ¿Pa ’onde va por ahí? Pase adelante, acuéstese, ya le voy a hacer un café.

Le colgó una hamaca y:
- Quítate esa camisa para que te refresque.
Se quitó la camisa, la puso en una estaca y se acostó, y se queda dormido el hombre.
Viene la señora, le jalla la carta a ’onde le explica como era la forma del muchachito. Pues ¿Qué ha hecho la mujer? La mujer coge otro papel y escribe y dice:

- “Hijo:
Tu mujer ha parido un fenómeno, y esa mujer se ha puesto tan rebelde que eso no la puedo soportar”.
- ¡Una injuria! Pues, a la pobre mujer, le pone la madre de ella.
’Tonce, el hombre allá ve la carta. Entonce le hace otra:

- Estimada madre:
Si mi mujer ha parido ha parido un fenómeno, ese hijo es mío. Cuídame mi muchachito, lo que sea me lo cuida. Ese es mi hijo, esa es mi sangre. Ténmele paciencia, eso puede ser que tú no me le atiende a mi pobre mujer y tal”.

Y viene con la carta bien hecha. Y entonce el hombre vuelve a pasar por la casa de la mamá.

- ¡Oh buen amigo! ¿Pa’ ónde va, pues buen amigo?
- Voy pa’llá.
- Pase adelante, voy a hacer un café, acuéstate chico.
- No.
- Quítate la camisa.

Se quitó la camisa, le volvió jallar la carta, la sacó y le puso otra:
- “Estimada mamá:

Sírvete tú de esta mujer botármela, que mis ojos no la vean más, porque si yo llego, voy allá y hallo esa mujer aquí, tú penas la vida, te mato”.

- Mira hija! Lo que dice mi hijo, que pierda la vida si tú te hallas aquí. ¿Cómo hago yo contigo?
- Bueno, yo me voy a dir pa’la selva –le dice ella-. Mete a mi hijo entre un guanepe.

’Tonce le hizo un guanepe por el pescuezo y le acolocó el niñito de modo que el mismo muchachito mamara de los senos así, diera la vuelta y mamara. Y la llevó, la botó a la pobre muchacha.

Entonce, entualito, al largo tiempo, el muchachito va pataleando y se sale del seno de la madre, del guanepe ’onde ’tá metío. Entonce, el muchachito recoge frutitas y le va dando a la madre en la boca y le lleva agua y le da, y come él, y así está asistiendo a la madre, la ’tá sosteniendo. ’Tonce, después que el muchachito ya va grandito salieron caminando. Le dijo:

- Mamá, vámonos, vamos a ver que jallamos por ahí, alguna vaina, a salir a lo claro, aquí lo que tenemos es agua y frutitas.

Salió a un vecindario, un pueblo. Ese muchachito era un gran médico que curaba la mínima enfermedad que había. Y, entonce, está el muchachito haciendo curaciones y llevándole sacos de reales por las curaciones que hacía, y remedio y curando gente y remedio. Bueno, después que ’tá bien rico, que no hallaba que hacer, le dice:

- Mamá, yo voy a pedir una limosna, mamá.
- Pero, hijo, ¿Cómo vas a pedir limosna con tanto real?
- No, no, yo voy a pedir una limosna, mira, dónde hay un muleto, un piazo de palo pa’irme.

Puyando la tierra, así como el que anda pidiendo. Cogió él un piazo ´e palo y se puso un peacito ´e saco, un moralito viejo de esos negros, sucios y se lo tercio y se va. Y decía:
- Una limosnita por el amor de Dios.
- Dele un piazo ´e pan a ese muchacho.

Le daban el piazo ´e pan, lo echaba ahí. Más alante:
- Deme una limosnita por el amor de Dios.
- Dele una ñema a ese muchacho.

Le daban una ñema, la tiraban también. Y asi hasta que llego hasta la casa de la mama de él, de la abuela. Y llega:
- Una limosnita por el amor de Dios.
- Dele una ñema.
- No, yo no quiero ñemas, yo tengo dos ñemas aquí.

Y miraba, él ´taba viendo los brazos de la madre, que ´taban ´marrados de la bigueta, y él:
- ¿Por qué no me das esos huesos? Yo quiero esos huesos. Y se rascaba la cabecita.
- Muchacho del carajo. ¿Qué vas hacer con esos huesos? – Le decía la abuela.
- Una limosnita por el amor de Dios.
- Dele un centavo pues.
- ¡Ay! Yo tengo real aquí. Deme esos huesos.
¡Muchacho del carajo, que bicho de mierda! – decía la vieja - ¡Que va a fastidiar aquí este carajo!

Por fin la obstino. Se cansó la abuela.

- Dele esos huesos a ese carajo pa´ que se vaya ese bicho de mierda. Como yo no se quien lo mando pa´ cá a ese carajo – dice la vieja.
Y cortan la cabuya por ´onde tiene amarrao los brazos de la mujé´. Cuando él agarra esos brazos ¡Carajo!, se alegra y ¡búquiti! Que nos metió en el morral y botó ese palo pal cipote y se va corriendo pa´ la casa y llega:

- Mamaita, mañana nos vamos a echar una gran baño en la laguna, - decia él- y yo estriego mi mama y mama me estriega a mi. (restregar).

Se fue a la laguna, abrió la arena y metió los brazos y los tapó con tierra, que se le ablandaran ahí. Ese otro día, le dice:

- Mamá arre conmigo pa’ que nos vamos a bañar en la laguna.

Le hizo comer a la madre, le dio en la boca, y después que hicieron la digestión
de la comida, el sol alto ya:

- Vamos pues a bañar, este jabón pica mamá, pica, pica; este jabón pica bastante mamá.

Y llega:
- Mira mamá, cuando la esté bañando y le eche jabón en los ojos, no pele los ojos porque se pica, ¿sabe? Siéntese. Apriete los ojos porque se va a picar.

Y él cogía esos brazos y acomodando eso’deos y llenando esos brazos y templando.

- No pele los ojos porque se pica, se pica.
Y acomodando esos brazos hasta que los llenó llenito, como los tenía la muchacha cuando estaba joven. Y llegó ¡pam! Y le pegó un brazo, ¡pam! Y le pegó el otro. Y dijo:
- Menee los brazos.

Y se van pa’la casa a comé. Y de ahí pa’lante la madre haciéndole comía a su hijo, le lavaba la ropa y lo acostaba, lo limpiaba.


Friday, August 1, 2008

Recomendando libros para niños y adultos

Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura
Curso: Lectura para Niños y Jóvenes
Profesora: Norma González Viloria
Victor Mendizabal
“Desde el país de los monstruos
hasta la colección Alfaguara Infantil y Juvenil”
¿Quién no ha disfrutado de una travesura cuando se es pequeño?, o ¿quién no ha vivido como real la fantasía de la misma cuando ésta no se puede hacer? Tanto una como la otra cosa las vivió Max, el personaje creado con singular maestría por Maurice Sendak, para representar en su libro “Donde viven los Monstruos”, su viaje imaginario a través de días y noches hasta el país de los monstruos.

La aventura comienza cuando Max en medio de sus travesuras amenaza con comer a su madre, entonces ésta lo castiga en su cuarto… sin comer. Es en este momento cuando “se escapa (…) hacia un mundo fantástico donde se somete a experiencias que finalmente le permiten regresar al mundo normal como un individuo más ajustado, seguro de sí mismo y sabio” (Scott, s.f., c.p. Jones, 1989, p.165).

En el transcurso de este viaje Max, después de ser aclamado y vitoreado como el Rey de todos los monstruos, criaturas que querían hacer exactamente lo mismo que él, se sintió solo y quería estar donde alguien lo amara más que a nadie, sintió que ahí nadie se parecía a él y por eso ellos no le proveían de compañía verdaderamente significativa. Por consiguiente, Max comienza a entender que la felicidad no consiste en la independencia total.

Es entonces cuando al sentir un agradable olor a comida, y en medio de las amenazas de ser comido por parte de sus compañeros monstruos, empieza a retornar de su viaje de fantasía hacia la realidad. A pesar de todo lo que insisten los monstruos para que se quede, Max no regresa. Si lo hubiese hecho, hubiese sido víctima de sus propias emociones, lo cual hubiese sido su fin porque le habría impedido ser “capaz de volver a establecer relaciones sanas en el mundo real” (Jones, 1989, p.168). Por ello “entiende que debe abandonar ese mundo autista de completa auto-indulgencia si desea tener el amor genuino que ahora anhela” (Jones, 1989, p.168). El resultado final es que Max crece como persona, crece en autoestima.

Me he tomado la libertad de comenzar hablando del genial libro de Maurice Sendak, gracias al cual ganó la medalla Caldecott en 1963, en un ensayo sobre la colección Alfaguara infantil y juvenil, debido a que tal como Max tiene que enfrentar algunas cosas cuando niño para poder crecer, esta colección nos ofrece la oportunidad de enfrentar el mundo a través de algunas obras clasificadas según la edad de los niños a quienes van dirigidas. Por eso, paulatinamente, los van llevando de la mano, cual si fueran un mediador social en su tarea de crecer desde los 4 años hasta los 14 años, a través de libros que según edades no sólo reportan cambios en el color de la colección a la cual pertenecen, sino que también tienen cambios de temática, intereses y destinatarios, por ello encontramos la colección morada, azul, naranja, verde, amarilla y roja.

Cabe destacar como una de las innovaciones de la editorial, la serie infantil que describimos. Una serie destinada para que los más pequeños descubran la lectura y aprendan a leer a través de cuatro subseries, las cuales son: Pictocuentos, Pequicuentos, Descubrimos y Masletras, que incorporan a los autores de prestigio del mundo de los adultos, en más de 200 títulos, y que tienen como objetivo facilitar el descubrimiento del placer que hay en la lectura (
http://www.gruposantillana.com/general4.htm).

No dudamos en afirmar que al pobre Max probablemente no lo hubiesen mandado a la cama sin cenar, si hubiese leído uno de los títulos de esta colección, como lo es “Matilda”, de Roald Dahl. Nuestro amigo Max hubiese aprendido mucho de esta tan simpática como precoz niña, que en medio del enredo de verse en una escuela, cuya directora tiene por costumbre practicar lanzamiento de martillo con los niños y ser parte de una familia, cuyo padre tiene que escapar velozmente de la justicia por su negocio de extorsión de carros, Matilda sabe darle un vuelco feliz a su vida y decide, a tan corta edad, que quiere quedarse con su maestra. Sin embargo, todo lo logra gracias a su temprano hábito de la lectura.

Éste por cierto es uno de los libros de la colección Alfaguara, Serie Roja, la colección de mayor prestigio dentro del mercado nacional, destinada a niños mayores de 14 años, libros que han posibilitado que quienes son lectores de niños también lo sean de adultos, y que incluye en su haber autores de reconocida trayectoria tales como Bernardo Atxaga, Elsa Bornemann, Roy Berocay, Ángeles Caso, Roald Dahl, Michael Ende, Joan Manuel Gisbert, Fernando Lalana, Elvira Lindo, Ana Mª Machado, César Mallorquí, Andreu Martín, José María Merino, Rosa Montero, Juan Muñoz, Carmen Posadas, Yolanda Reyes, Manuel Rivas, Gianni Rodari, Javier Salinas, Fernando Savater, Jordi Sierra i Fabra, Suso de Toro, Alejandra Vallejo-Nágera y Mª Elena Walsh.

Ahora bien, con motivo de conmemorar sus 25 años, Alfaguara Infantil ha lanzado una nueva colección, llamada Próxima Parada.

En esta colección figuran títulos que se han convertido en auténticos best sellers como “Rebeldes”, de Nigel Hinton; “No pidas sardinas fuera de temporada”, de Andreu Martín; “El topo que quería saber quién había hecho eso en su cabeza”, de Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch; “Historia de Babar el elefantito”, de Jean de Brunhoff, o la saga de “Manolito Gafotas” de la escritora Elvira Lindo. Su personaje ha sido uno de los de mayor éxito de la literatura juvenil española de los últimos años.(Disponible en: http://www.accesomedia.com/display_release.html?id=6048)

Victoria Chapa, quien en el 2006 se desempeñaba como directora de la línea de bolsillo del grupo Santillana (Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/semana/bolsillo/crece/elpbabpor/20060603elpbabese_1/Tes), dijo que Próxima Parada "ha reunido las obras más emblemáticas de nuestro catálogo, junto con nuevos títulos adaptados a los gustos de los lectores de hoy en día. Además, se han incorporado autores de prestigio en la literatura de adultos" (http://www.accesomedia.com/display_release.html?id=6048). Próxima Parada editará, entre los 120 títulos previstos, textos de poesía y teatro para niños y jóvenes porque son géneros que pueden enriquecer e interesar al lector más joven.

Las historias de esta colección son sencillas, adaptadas a cada edad y en ocasiones con una profundidad tal, que a más de un adulto dejarían pensando. Es en ese sentido que es oportuno recordar que tal como dice Colomer (1999) “los mejores libros ilustrados son aquéllos que establecen un compromiso entre lo que los niños pueden entender solos y lo que pueden comprender a través de un esfuerzo imaginativo que se vea suficientemente compensado” (p. 28).

Finalmente, y por lo anteriormente señalado, he comenzado este ensayo hablando del libro “Dónde viven los Monstruos”, ya que aparte de ser uno de los que integran la serie verde limón, de esta colección, destinada a niños desde 3 años (www.buscalibros.cl/buscar.php?titulo=Donde%20Viven%20Los%20Monstruos&autor=Sendak,%20Maurice), posee una sencillez junto con una sensibilidad tal, que es capaz de atraer a niños menores de dos años y aún seguir cautivando a los adultos. Incluso la expresividad de este libro de la colección Alfaguara Infantil llega hasta tal punto, que ha conectado “a algunos niños autistas con el mundo de la realidad” (www.cuatrogatos.org/dondevivenlosmonstruos.html). Por eso no dudamos al afirmar que la Colección Alfaguara Infantil y Juvenil vale la pena leerla, examinarla y recomendarla a nuestros alumnos.
Referencias
  • COLOMER, T. (1999): Introducción a la Literatura Infantil y Juvenil. Madrid. Síntesis.
  • JONES, R. (1989): Donde viven los monstruos de Maurice Sendak: la poesía del libro álbum. En J. I. Muñoz y M. C. Silva (Comp.), El Libro álbum. Invención y evolución de un género para niños (pp. 164–175). Caracas: Banco del Libro.
Fuentes Electrónicas:

Monday, February 25, 2008

Trabajo de Aplicación

Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura
Curso: Fundamentos Pedagógicos de la Lectura y la Escritura
Profesora Angélica Silva
Período Académico: 2007-II


Propuesta didáctica para la creación de un cuadernillo de reseña de libros construido por niños de Educación Inicial

I. Presentación del Proyecto

Este trabajo de aplicación para la Especialización en “Lectura y Escritura” del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas, recoge una experiencia de aprendizaje con los niños del tercer nivel de Preescolar del Colegio Santiago de León de Caracas sobre el discurso narrativo y muy específicamente, la estructura de un cuento. De igual modo, el proyecto permitió ejercitar los incipientes esquemas de escritura de los niños, mediante un formato de registro del libro leído, para la elaboración de un folleto artesanal con sus reseñas.

La experiencia resultó interesante, puesto que después de tomar en consideración las recomendaciones de la asesoría pedagógica de la Biblioteca Elías Toro del Colegio, se redimensionaron los alcances de la actividad propuesta, así como también la duración de la misma con el propósito de: (a) tomar en cuenta el nivel evolutivo de la población con la cual se pretendía trabajar (niños y niñas de entre 5 – 6 años de edad cronológica, y por ende la corta permanencia de su memoria a largo plazo; (b) el limitado tiempo útil de trabajo con el que se cuenta en la biblioteca (45 minutos de clase una vez por semana con cada grupo); (c) sus limitaciones actuales de personal, y (d) lo establecido por el currículo vigente de Educación Inicial como competencias comunicativas esperadas para el Nivel.

Por tal razón, se limitó la duración de la experiencia a una clase, al final de la cual se tuvo especial cuidado de respetar el tiempo de la reunión de grupo con fines de propiciar la metacognición. Durante dicho espacio se fomentó la participación de los niños preguntando si les había gustado la actividad. En este sentido, fue muy gratificante obtener respuestas como “Sí, porque parecía difícil pero resultó fácil”, lo cual revela el interés de los niños por la escritura, así como su disposición para trabajar dentro de su correspondiente Zona de Desarrollo Proximal.

Como se dijo anteriormente, el proyecto estaba inicialmente diseñado para una duración de dos semanas, durante las cuales se trabajaría, como ya se ha venido trabajando en la biblioteca a lo largo de un mes, contenidos tales como: la anticipación, la estructura del cuento, la identificación del título y autor en el cuento y como elemento nuevo en biblioteca, la escritura. Sin embargo, debido a la necesidad de limitar el tiempo de duración de la aplicación, aunado al hecho del asueto de carnaval, que interrumpió la aplicación con algunos grupos, se omitió en dichos grupos el contenido de la anticipación.

II. Contextualización

Para la realización de esta investigación se tomó como muestra a los niños del nivel de “Grandes”, correspondiente a tercer nivel, del Colegio “Santiago de León de Caracas” ubicado en la Floresta. Las razones de tal selección obedecen a que éste es el grupo que presenta mayor nivel de iniciación en los procesos de lectura y escritura y por lo tanto, se tenía la expectativa de que podía ser más productivo y rápido el trabajo con ellos.

Los niños provienen de un nivel socio económico medio y medio-alto. La mayoría de ellos proviene de hogares con abundante estimulación, que aunado al hecho de que la estructura y nivel de exigencia de la institución contribuyen a un desarrollo óptimo, y en algunas circunstancias mayor al esperado para su edad cronológica.

III. Grado: El proyecto fue realizado en el 3ª nivel de preescolar del Colegio Santiago de León de Caracas, con niños y niñas con edades comprendidas entre los 5 y los 6 años.

IV. Fecha y Duración del proyecto. Etapas previstas:

Inicialmente se tenía la intención de trabajar desde el 28 de enero hasta el 01 de febrero del 2008 en una primera fase, en la cual se planificó, como se puede ver en las planificaciones anexas (anexo Nº 1), enseñar la importancia de tratar bien los libros reparados, así como que cuando se escribe se hace muchas veces para compartirlo, para que alguien lo lea, y debido a la necesidad de tener claro lo que se va a decir, se debe planificar el texto. Una vez dicho esto, se propuso a los alumnos su participación en el proyecto de investigación, preguntándoles si estaban de acuerdo. Por último, cada niño elegiría su libro favorito con el propósito de recomendar a otros su lectura. Tal organización de ideas sería anotada por el docente, así como el libro elegido por él. Como se puede observar, este proyecto ha enfatizado mucho sobre la noción de que se escribe para alguien y que muchas veces leemos lo que leemos porque alguien nos lo recomienda.

En una segunda etapa, desde el 04 hasta el 08 de febrero, extensivas hasta el 12 del mismo mes, por las razones del asueto de carnaval los días lunes 04 y martes 05, se planificó la elaboración de un trabajo escrito de recomendación del libro preferido, en un formato preparado especialmente para ello y que se puede ver en los anexos (anexo Nº 2). En esta semana, debido a la festividad anteriormente mencionada, se optó porque los niños escogieran un libro nuevamente.

El trabajo requirió de mucha planificación y preparación previa De manera tal que cuando los niños entraran a la biblioteca se restringiera al máximo el desorden, se quedaran en una columna tranquilitos o se sentaran en la reunión de grupo conforme el docente les diese la instrucción para buscar su libro favorito, el libro que mayor número de veces han preferido leer y que por tal razón, le recomendarían su lectura a alguien. Para hacer la recomendación, el docente sugería llenar una hojita como la que se indica en el anexo Nº 2, para registrar: (a) nombre y apellido del niño, (b) grado y sección del niño, (c) título del cuento escogido, (d) el autor del libro y (e) una oración, frase o palabra que represente qué fue lo que más le gustó. Una vez entendida la actividad, se repartieron uno por uno las regletas, las cuales son unas tablitas de plástico identificadas con un color o con un número diferente, y que nos sirven para indicar el lugar del libro en el sistema de organización de la biblioteca.

Por último, como se puede deducir, en función del nivel con el cual se trabajó, y del nivel de desarrollo de sus procesos de lectura y escritura, no se podía trabajar como tal la comprensión, debido a que no todos los niños leen independientemente y los que lo hacen se limitan a decodificar, sin que necesariamente haya comprensión absoluta del mensaje. Por tal razón, se trabajó con mayor énfasis la producción de un texto pequeño, la mayoría a partir de las imágenes que les llamaron la atención, la información que tenían del contenido del libro por experiencia previa o de la lectura del libro que compartió muchas veces el responsable de la biblioteca con los niños. Todo ello, fue recogido en un formato, el cual podrán apreciar en el vínculo creado. Dicho formato es una adaptación de la Profesora Claudia Ayala basada en la estrategia de promoción de lectura en biblioteca "El Jardín de los Libros Recomendados".

V. Temas de Reflexión Lingüística

Al hablar de desarrollo de lenguaje se deben tomar en consideración las características evolutivas del sujeto que está haciendo uso de dicho proceso, quien, consciente o no de su complejidad, hace que sea fluido, en sus dos variantes o actividades principales: hablar-escuchar y/o leer-escribir.

Para que tal proceso sea efectivo se debe haber desarrollado una serie de conocimientos que se conceptualizan en términos de competencias: lingüística, cognoscitiva y comunicativa (Fraca de Barrera, 1997). Sin embargo, la adquisición de estas competencias es gradual. Así el niño de 2 a los 4 años “descubre que debe conformarse con una serie de reglas sociales entre las cuales no es la menos importante el lenguaje (El niño, asimismo) tiene que aceptar el hecho de que las palabras representan cosas sin ninguna justificación aparente” (Gunsberg y Oper, 1977, p.76). De hecho “el niño no elige el significado de las palabras, éste le es dado durante el proceso de comunicación verbal con los adultos” (Vigotzky, 2007, p. 217). Más tarde, entre los 4 y 5 ó 6 años el lenguaje, no responde completamente a la función de comunicación y por ello con frecuencia, el niño no asume el punto de vista del oyente, habla de sí mismo, a sí mismo y por sí mismo, a través de las diferentes variedades de monólogo (Gunsberg y Oper, 1977).

Sin embargo, no es sino hasta los “6 años (que) el niño posee ya toda una serie de concepciones sobre la escritura” (Ferreiro y Teberosky, 1993, p.44), cuya génesis habría que buscar probablemente a los 4 años, edad en la cual, según Ferreiro y Teberosky (1993) los niños comienzan a hacerse preguntas del tipo ¿cómo se escribe? o ¿qué dice? Lo llamativo de la información reportada es que según las autoras el conocimiento de la lectura y la escritura se obtiene a partir de las sucesivas aplicaciones de los esquemas de asimilación y acomodación, originalmente propuestos por Piaget. Por eso, “ningún aprendizaje conoce un punto de partida absoluto, ya que por nuevo que sea el contenido a conocer, éste deberá necesariamente ser asimilado por el sujeto y, según los esquemas asimiladores a disposición, la asimilación será más o menos deformante” (Ferreiro y Teberosky, 1993, p. 33). Por consiguiente, la adquisición de un sistema de representación constituye un proceso de reconstrucción que implica dificultades conceptuales. La construcción de un sistema de escritura implica una selección de los elementos y relaciones reconocidos en el objeto a ser representado que serán conservados en la representación (Muñoz de Pimentel, 1997).

En este sentido, para que las representaciones escritas sean consideradas como tales, deben cumplir con dos criterios que el niño, en los primeros estadios del aprendizaje de la lectura y escritura, concibe como importantes, ellos son: (1) Cantidad suficiente de caracteres: según este criterio para que algo pueda leerse debe tener por lo menos tres caracteres y (2) Variedad de caracteres: según este criterio para que una palabra pueda ser leída debe tener letras diferentes.

Más tarde, ya en la edad que nos ocupa, es decir, entre los 4 y 6 años se dan, según Ferreiro y Teberozky (1993) las siguientes etapas en su progresión evolutiva:
1) Dibujo y Escritura están indiferenciados, ambos constituyen una unidad, y es posible pasar de uno a otro, puesto que son concebidos como distintas formas de representar un mismo significado.
2) En una segunda etapa la escritura se diferencia de la imagen y por eso al texto se le atribuye el enunciado verbal asociado a la imagen.
3) Cuando se consideran las propiedades del texto, cada una de las partes recibe la atribución de unidades pertenecientes a la misma categoría (sean nombres u oración).
4) Finalmente los fragmentos gráficos son puestos en correspondencia con segmentos del enunciado; por lo tanto, cuando al texto se atribuye un nombre, el resultado de la segmentación es un recorte silábico, en tanto que cuando al texto se le atribuye una oración, los recortes son sintácticos (sujeto - verbo – complemento).
5) En todos los niveles el significado del texto puede predecirse a partir de la imagen.
6) En los casos de diferenciación entre “lo que está escrito” y “lo que se puede leer” lo que anticipa es el tema pero no el texto mismo, el cual resulta de una interpretación de los elementos temáticos escritos.
7) Por último, gracias a la consideración de las propiedades del texto en términos de fragmentación, longitud y letras con valor de índice, se llega a una lectura de todos los trozos gráficos.

Como puede observarse, en el cuadernillo producto de esta actividad, casi todos los niños objeto de esta investigación se encuentran en el último estadio, y tomando en consideración que una de las misiones de la biblioteca es “crear y fortalecer los hábitos de lectura en niños desde una edad temprana” (Andricán, 1997, p. 49) se diseñó una actividad de escritura en la cual los tipos de textos producidos respondieran a una trama narrativa, puesto que al tiempo de que tienen una función informativa, presentan hechos o acciones en una secuencia temporal y causal (Kaufman y Rodríguez, 1993).

VI. Tipo de texto enseñado

El tipo de texto trabajado fue el cuento, que según Kaufman y Rodríguez (1993) es un relato en prosa de hechos ficticios, con tres momentos claramente diferenciados, los cuales son un estado inicial, en el cual hay equilibrio, la aparición de un conflicto que desencadena episodios y por último la resolución del conflicto y por consiguiente el restablecimiento del equilibrio. Estos textos tienen núcleos narrativos que establecen entre sí una relación causal y elementos de relleno cuya función es mantener el suspenso. Hay determinación de personajes, lugares y tiempos y aunque la trama es predominantemente narrativa, están presentes también la descripción de personajes y lugares así como también el diálogo directo.

VII. Temas de Reflexión Metalingüística:

a) Lingüística Textual: Por una parte, los niños se vieron en la necesidad de pensar en los cuentos como lectores - productores de una reseña. Por tal razón, se les proporcionó un instrumento en cuya estructura se pretendía que observaran y plasmaran las tres partes, de un texto expositivo, pues, debían escribir sus datos de identificación personal, copiar los datos de identificación del libro y por último, aquello que más les gustó del cuento. Es propicio destacar que se dejaron dos espacios en la estructura del instrumento para que desarrollaran otros elementos creativos como la incorporación del dibujo y cualquier otro aspecto que el niño decidiera incluir. Por otra parte, se reforzaron los conocimientos referidos a los datos bibliográficos del libro y las partes del mismo, es decir, portada, autor, ilustrador, traductor, cubierta o tapa, lomo, entre otros.

b) Gramática Oracional: En vista de que los niños no debían escribir extensamente, representaron los datos que para ellos son más representativos como la identificación, y en el espacio reservado para lo que más les gustó con una oración corta, en oralidad decidieron usar solo el verbo, como indicación de la acción más representativa de la trama narrativa en la que podía estar involucrado o no el personaje de la historia. Por lo tanto, se reforzó de alguna manera el uso de verbos que indicaran apreciaciones subjetivas de lectores o apreciaciones objetivas de la acción formada por el personaje principal sin prestar atención a la no correspondencia entre tiempos verbales.

c) Ortografía: Se propició la orientación del empleo adecuado de la ortografía al momento de escribir los datos del libro y el nombre del aprendiz, solo haciendo énfasis en el uso de mayúsculas para nombres propios del autor, el título de la obra y sus nombres.

d) Puntuación: Se pretendió que tomaran conciencia del uso del punto y final.

VIII. Conclusiones

Para finalizar, se puede acotar que se observó que los niños del Tercer nivel de Preescolar del Colegio Santiago de León de Caracas encontraron la actividad interesante por cuanto constituyó un reto para ellos, lo cual es un punto positivo para continuar desarrollando proyectos de este tipo en la biblioteca. Se pudo evidenciar, asimismo, su creciente interés por la lectura y escritura, por cuanto casi todos realizaron la actividad con mucho entusiasmo. También se observó, por un lado, que cuando no sabían escribir una sílaba formulaban la pregunta correspondiente y, por otro, si estaban leyendo pero no sabían cómo sonaban sílabas con el patrón silábico como “gra”, igualmente preguntaban. No obstante, actuando como mediador se aprovechaba la oportunidad, antes de responderles, de propiciar su crecimiento al preguntarle “cómo crees que se escribe esa sílaba. Hazlo como tú creas y después revisamos qué podemos arreglar”. Para decirlo en pocas palabras y una vez más, se piensa que la actividad propició el crecimiento de los niños.

VI. Recomendaciones

Por tales razones se recomienda incorporar progresivamente la escritura como objetivo a trabajar en la biblioteca, a través de juegos, carteles en la pared con normas para que los niños tengan que descifrar, cartas y catálogos de casas editoriales, para que los niños desde la biblioteca puedan sentir que la lectura y la escritura es funcional. La biblioteca puede ser entonces el espacio para apoyar actividades de escritura pero con fines a la promoción de la lectura.

Bibliografía

Andricán, S. (1997): Espacios para la Promoción de la lectura. En: Bibliotecas a los cuatro vientos. Córdoba.

Ferreiro, E. y Teberozky, A. (1993). Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño. Siglo XXI. Mexico.

Fraca de Barrera, Lucía. (1997). La Naturaleza de la Escritura. En: Letras (54-55). Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias Andrés Bello. Caracas.

Gunsberg y Oper (1977). Piaget y la teoría del desarrollo intelectual. Dossat. Madrid.

Kaufman, A. y Rodríguez, M. (1993). La escuela y los textos. Santillana. Buenos Aires.

Muñoz de Pimentel, M. (1997). Para aprender ortografía: actuar como escritor. Trabajo presentado al Tercer Concurso Anual de Experiencias Creativas en Educación “Simón Rodríguez”. Universidad Pedagógica Experimental Libertador.

Vigotzky, L. (2007). Pensamiento y habla. Colihue. Buenos Aires.

¿Quieres ver los trabajos de los niños, que dieron vida a este proyecto? Pulsa en este vínculo

Tuesday, February 12, 2008

Resumen Comentado

Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización y Maestría en Lectura y Escritura
Curso: Fundamentos Pedagógicos de la Lectura y la Escritura
Profesora: Angélica Silva
Victor Mendizábal
Cohorte: 2007-II

I. Bibliografía: Lerner, D. (1994). Capacitación en Servicio y Cambio en la Propuesta Didáctica Vigente. Lectura y Vida, 15 (3), 33.

II. Vocabulario especializado, conceptos y temas de interés tratados en el artículo:
  • Lectura: Proceso mediante el cual se decodifica el material escrito con el objetivo de obtener significado.
  • Usuario Competente de la Lengua: Se llama así a aquellos lectores que saben elegir el material escrito adecuado para buscar solución de problemas que deben enfrentar, es decir, un lector crítico.
  • Lector Crítico: Se llama así a aquélla persona “capaz de leer entre líneas y de asumir una posición propia frente a la sostenida implícita o explícitamente por los autores de los textos con los que interactúa” (Lerner, 1994, p.33).
  • Productor Competente de la Lengua: Se llama así a aquellos individuos “conscientes de la pertinencia e importancia de emitir cierto tipo de mensajes en el marco de determinado tipo de situación social, en lugar de entrenarse unicamente como copistas” (Lerner, 1994, p.34), o como receptores de dictados para reproducir sin un propósito propio lo escrito por otros, o producir textos cuya única finalidad se reduce a la evaluación por parte del docente.
  • Moda: Es uno de los dos principales vicios que afecta a la escuela y que consiste en “pequeños cambios que no siempre están claramente fundamentados" (Lerner, 1994, p. 34) y que se adoptan no porque representen algún progreso sobre lo anterior sino simplemente porque son novedades
  • Innovación: Son transformaciones y cambios introducidos en la práctica docente, cuyo sentido radica en formar parte de la historia del conocimiento pedagógico, puesto que simultaneamente retoma y supera lo anteriormente producido, “sin embargo las innovaciones que efectivamente suponen un progreso con respecto a la práctica educativa vigente tienen serias dificultades para instalarse en el sistema escolar” (Lerner, 1994, p.35)
  • Transposición Didáctica: Es la transformación debida a la distancia existente entre el objeto de conocimiento fuera de la escuela y el objeto realmente enseñado dentro de ella, la cual no debe ser muy grande para que el alumno pueda hacer la transferencia de lo aprendido a otros contextos
  • Tiempo Didáctico: Es el tiempo dedicado a la enseñanza , el cual se distribuye en función de la materia a enseñar, la organización del saber y de acuerdo a una didáctica de la descomposición y la recomposición.
  • Graduación: Es un proceso que, como consecuencia de la Transposición Didáctica, hace que la presentación del nuevo conocimiento en la escuela se produzca paulatinamente, fragmentando hasta tal punto los objetos a conocer, en este caso, la lengua escrita como práctica de la lectura y escritura, que pierden su identidad
  • Contrato Didáctico: Es un conjunto de reglas preexistentes que le son propias y que regulan las relaciones que alumnos y docentes tienen con el saber, estableciendo los derechos y obligaciones de cada uno de los participantes en la relación didáctica.
  • Asimetría entre alumnos y Docentes: Es la disparidad en la igualdad de derechos y deberes que alumnos y docentes tienen dentro del marco del contrato didáctico, haciendo que la voz del maestro sea la que prive a la hora de interpretar un texto, puesto que sabe más acerca del mismo y la institución escolar le confiere autoridad.
  • Borrador: Son cada uno de los sucesivos intentos que el estudiante hace para producir y mejorar un texto.
  • Corrección: Proceso, tradicionalmente llevado a cabo exclusivamente por el maestro, mediante el cual señala y busca los errores de un texto, con la intencionalidad de corregirlos y mejorarlos, quien, al hacer esto olvida que cuando el niño participa en el mismo, hace más significativo su aprendizaje.
  • Fragmentación del Conocimiento: Parcelación y segmentación que se da en los contenidos, como consecuencia de la graduación en la transposición didáctica.
  • Didáctica: Se llama así a la teoría de la organización de los aprendizajes de otros, de la comunicación y transposición de los conocimientos.

III. Resumen: En el artículo “Capacitación en Servicio y Cambio en la Propuesta Didáctica Vigente”, por Delia Lerner, para el contexto de la escuela pública de la Provincia de Buenos Aires, se plantea el desafío de formar usuarios competentes de la lengua escrita. Para lograrlo, según la autora, será necesario, que la escritura en primer lugar se convierta en verdadero objeto de enseñanza, es decir, un objeto que el alumno tenga la oportunidad de escribir, revisar, reescribir y si es su gusto reelaborar y redimensionar tantas veces como desee para quedar satisfecho antes de presentarlo al docente. Sin embargo, como precisa Lerner, D. (1994), esto constituye un cambio de tal importancia para la escuela, que por ser una institución tradicionalista se resiste a las novedades por sí misma. En segundo lugar, la autora señala que el problema de la enseñanza de la lectura y escritura se debe al fenómeno conocido como transposición didáctica. Seguidamente, se precisa en el artículo la noción de contrato didáctico para explicar el fundamento de los derechos y obligaciones dentro de la situación de aprendizaje. En tercer lugar se hace mención de la importancia de la innovación fundamentada en el conocimiento científico acumulado hasta el momento para contrarrestar los efectos de la rutina repetitiva y de la moda que carecen de un fundamento sólido. Por esa razón en cuarto lugar, señala la autora como punto importante la promoción de la investigación como práctica cotidiana entre los maestros, para así poder dar respuesta a las interrogantes que puedan surgir en lo tocante a las habilidades comunicativas: leer y escribir como objeto de reflexión. Para concluir, la autora propone cambios radicales en la capacitación docente, que contribuyan con una mejor perspectiva de la enseñanza de la lengua, cuestionando la separación existente entre escuela y sociedad así como las reglas que regulan el contexto escolar desde los aportes de la psicología y la linguística.

IV. Comentario crítico: Qué cómodo y qué fácil sería para un profesor de lectura o de lengua tener todas las respuestas a sus preguntas desde el ámbito de disciplinas relacionadas como la psicología o la linguística; sin embargo, ésta es una solución que no deja de ser riesgosa, puesto que hay cuestiones como las planteadas por Lerner, D. (1994) en su artículo, que sólo pueden ser dilucidadas a la luz de una investigación educativa. Por ello, resulta tan apremiante que los maestros se den cuenta de la importancia de estimular una actitud más curiosa y empiecen a formularse preguntas sobre lo que esperaban observar.

De acuerdo con Delia Lerner la lectura no es un proceso pasivo, sino un acto centrado en la construcción de significado, lo cual lo hace complejo. Esa complejidad se expresa cuando los alumnos traen algunos conocimientos previos y algunas ideas preconcebidas para reelaborar simultáneamente el sistema de escritura y el lenguaje que se escribe. La idea subyacente es que leer no es decodificar caracteres después de haberlos identificado, puesto que si no hay comprensión de lo decodificado, si el alumno no es capaz de parafrasear lo leído, no podemos hablar de lectura comprensiva, que es al final la que nos interesa fomentar.

Lo antes expuesto se contrapone con la manera tìpica de enseñar lectura y escritura, en la cual no se empieza con unidades significativas para el niño sino que desde una visión molecular del asunto se desmenuza el signo linguístico hasta su más pequeña unidad, la letra o sonido, y sabemos que estas mínimas unidades por sí mismas carecen de todo sentido para el niño. Luego se van combinando estas letras para formar sílabas, las cuales también carecen de sentido, y no es sino hasta que se combinan las sílabas para formar palabras cuando resulta significativo el aprendizaje, ya que el niño lo que observa, por ejemplo, es el nombre de su cereal favorito o el del último juego que quiere que le compren.

A este respecto me llamó poderosamente la atención lo planteado por la autora en cuanto a la evaluación en el marco del contrato didáctico, puesto que al establecer como base del mismo la asimetría entre alumnos y docentes, se acepta la supremacía de éste último a la hora de corregir, puesto que no se podrán elaborar sucesivos borradores para mejorar la versión del trabajo anteriormente entregada. Recuerdo que casi todos mis profesores aplicaban la misma estrategia, desde el 1ª grado hasta la Universidad, pero en este momento reflexionando acerca del asunto también recuerdo (y no me había dado cuenta de eso sino hasta ahora) que aquéllos que nos permitieron un segundo intento de mejorar son los que trato de imitar y los que tengo como modelos. A veces ese segundo intento se daba después de un feedback verbal solamente; en otras oportunidades, la evaluación ocurría después de que el profesor decía paulitanamente en cada una de sus clases todas las posibles preguntas que podría hacer en su evaluación escrita. De esta manera, los estudiantes teníamos la oportunidad de hacer un primer intento, consultando los libros y respondiendo las preguntas con las cuales íbamos a ser evaluados. Sin embargo, aunque como promotor de lectura no tengo que evaluar directa y exhaustivamente a cada alumno, me he dado cuenta de la importancia de la autoevaluación de la que hablábamos durante los años de formación como profesionales y que Lerner, D. (1994) plantea como una actividad poco viable dentro del actual contrato didáctico al monopolizar el docente el proceso de corrección, por la autoridad que le es conferida dentro del marco de dicho acuerdo. A este respecto, en el plano conductual, cuando un niño no se porta de acuerdo a mis expectativas, que son las mismas que previamente he transmitido al grupo que debemos tener todos, le pregunto que si cree que se portó adecuadamente y que por favor me observe a los ojos mientras responde. A veces responden sin dudar que no cumplieron las normas, pero en otras ocasiones, al sentirse apenados no responden nada, entonces, en ese momento, propicio la coevaluación de sus compañeros, quienes sin dudar le dicen que no cumplió con las normas y explican por qué no lo hizo. Esta sencilla actividad reviste una importancia mayor de la que a simple vista pudiera tener, puesto que según la autora permitir que el alumno genere sus propios criterios para que al final pueda actuar con autonomía de acuerdo con las pautas de comportamiento socialmente aceptadas es lo que favorece la formación de alumnos críticos.

Finalmente, quiero enfatizar que la educación empezará a cambiar cuando los docentes cambiemos. Mucho se ha hablado y escrito sobre el importante rol que cumplimos los maestros en una sociedad; pero la pregunta que surge es ¿será que todos los docentes estamos conscientes de esa importancia? Y también me pregunto ¿qué pasaría si empezáramos a investigar todo lo que nos llame la atención del aprendizaje de un niño o de un grupo?, ¿no mejoraría significativamente nuestro desempeño y nuestra calidad profesional? A mi juicio, creo que sí. Considero que el quehacer docente amerita mucho más que el elemento vocacional, es decir, que la capacitación de los formadores necesita una constante actualización. Por ello, propiciar nuestra formación como investigadores del hecho educativo es otra meta que tenemos que plantearnos a largo plazo como país. La necesidad de obtener respuestas no de la linguística ni de la psicología únicamente, sino de la educación es acuciante y no se puede esperar más.

[1] (a) Primera versión octubre 2006-II. El formato del resumen comentado aquí presentado es una adaptación de la estrategia para la enseñanza de segundas lenguas “Reading Reaction Journal.”(b) El desarrollo de esta estrategia ha sido pensada en el marco de las actividades de docencia e investigación de la Cátedra UNESCO sede UPEL, para el mejoramiento de la calidad de la enseñanza de la lengua materna y la formación docente.

Saturday, February 2, 2008

La importancia que tiene para el maestro el tener clara su postura filosófica


Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura
Curso: Fundamentos Pedagógicos de la Lectura y la Escritura
Profesora: Angélica Silva
Período Académico: 2007-II
Víctor Mendizábal
Sección: 001
Argumentación Desarrollada

Quien ha hecho de la enseñanza su modo de vida debe estar muy consciente de que cada una de las cosas que hace en su aula, aunque parecieran espontáneas, con o sin su conocimiento, tienen tras de sí toda una fundamentación teórica. Esto es en otras palabras, un conjunto de porqués y, por supuesto todo un conjunto de repuestas. Lo que singulariza a este profesional de cualquiera otro es que conjuntamente con la familia, núcleo fundamental de la sociedad, le corresponde culturizar al alumno, para enseñarle a usar los bienes culturales - como los textos - que en comunidades alfabetizadas le pudieran ser útiles dentro del ámbito de sus intereses.

Una pregunta obligada en el desarrollo de estas ideas tiene que ver con la noción de Educación. Con esa noción es posible establecer un punto de partida y una discusión sobre qué es educar. Según Nassif (1958) educar es “la formación del hombre por medio de una influencia exterior consciente o inconsciente (heteroeducación), o por un estímulo, que si bien proviene de algo que no es el individuo mismo, suscita en él una voluntad de desarrollo autónomo conforme a su propia ley (autoeducación)” (p. 11). En ese orden de ideas, siguiendo al autor “la educación es la integración cultural y personal del hombre a la cultura” (p. 30). El sujeto que recibe educación en cualquier caso aprende algo, lo cual queda evidenciado por un cambio observado en su conducta, que a su vez supone una reestructuración de las asociaciones entre los eventos a los cuales ha sido expuesto (Marcos, 1996). En ese mismo orden de ideas Bandura plantea que el aprendizaje por observación es el resultado de los procesos simbólicos que se efectúan durante la exposición a las actividades del modelo, antes de ejecutarse la respuesta (Marcos, 1996).

Ahora bien, lo que pareciera ser una sutil diferencia entre ambas concepciones tiene tras ellas todo un basamento filosófico que las sustenta. Así por ejemplo, en el primer concepto de aprendizaje tomado del conductismo, puesto que el cambio de la conducta depende de la experiencia que tenga el sujeto aprendiz con la realidad, observamos una fuerte influencia del empirismo. Mientras que en la segunda posición, subyace un planteamiento racionalista, por cuanto nos expresa que la estructura encargada de realizar el procesamiento simbólico es innata y viene con el individuo desde que nace. Para entender mejor esta idea, central en esta argumentación, debemos remontarnos a los inicios del Racionalismo como corriente filosófica y retomar la lectura de su primer exponente, Platón, quien expresa a través de una metáfora en el bello mito de la caverna su punto de vista acerca del origen del conocimiento. Según el autor, lo que vemos las personas no es más que una representación más o menos aproximada de lo ideal de lo que percibimos, es decir, de su existencia en el Logos. Esa existencia es inmejorable, perfecta e innata, así como innatas también son las estructuras mentales. No obstante, es Alegre (1974), en mi opinión, quien engrana la definición de aprendizaje desde el punto de vista cognitivo con su raíz filosófica, puesto que sostiene que “el ser humano es un camino desde la sombra a la luz, un proceso ascendente desde las conjeturas en las que nos movemos y desde las opiniones que nos forjamos a partir de nuestras sensaciones hacia el saber real a base de conceptos y aún más allá, hasta el mundo de las ideas, donde se encuentra la auténtica realidad y el verdadero conocimiento” (p. 127). Es la misma idea desarrollada más tarde por Chomsky en 1969, al considerar innato el Dispositivo de Adquisición del Lenguaje, por Piaget (en Gunsberg y Oper, 1977) al considerar innatos los mecanismos de acomodación y asimilación y por Vigotzky (citado en Ríos, 1997) al sostener también como innata la Zona de Desarrollo Proximal, y en este contexto entiéndase innato como sinónimo de heredado.

En relación con lo antes expuesto resulta curioso hoy en día hacer el ejercicio de pensamiento de preguntarse si ¿tendrá alguna importancia para el maestro tener una clara postura filosófica al desarrollar el rol de facilitador de la enseñanza? Al hacerlo es probable que aunque la mayoría de los docentes responda sin dudar ni por un segundo, que su postura es racional, cognoscitiva y en cuanto a lo pedagógico es absolutamente constructivista, no obstante, observamos muy a pesar de sus alumnos cómo sus clases están permeadas de un mal asimilado conductismo, ya que en las mismas juegan un papel preponderante las copias, las caligrafías y los dictados. En relación con éstas últimas prácticas, muy probablemente debemos señalar que los sonidos de las palabras no guardan absoluta correspondencia con la representación gráfica que se pretende enseñar y por tanto, usar el dictado para corregir y supuestamente enseñar ortografía constituye una mala praxis pedagógica.

Situaciones de aula como las señaladas me hacen pensar que el maestro ha olvidado que el término “Constructivismo”, venido de la Epistemología Genética de Piaget deriva del principio explicativo referido a la importancia de la actividad mental constructiva del alumno en la realización de sus propios aprendizajes escolares (Coll, 1992). Dentro de esta corriente el aprendizaje escolar es un proceso de construcción de conocimiento (Glaser, 1991; c.p. Coll, 1992), en tanto que la enseñanza es una ayuda a este proceso de construcción del pensamiento infantil (Resnick, 1989; c.p. Coll, 1992), el cual “va de lo individual a lo socializado” (Vigotzky, 2007, p. 78). Y tan cierto es que el desarrollo del niño parte de lo individual que “la concepción del egocentrismo infantil viene a ocupar en la teoría de Piaget el lugar central” (Vigotzky, 2007, p. 56). Suponemos entonces que el desarrollo de las habilidades, cualesquiera que éstas sean, parten del sujeto y de su propio potencial intrínseco, lo cual revela su trasfondo racional e innato.

Para los docentes a veces una única referencia no basta para explicar su praxis pedagógica. Al respecto, reflexionando sobre una de mis clases como promotor de lectura en la Biblioteca Elías Toro del Colegio Santiago de León de Caracas, área de Preescolar, recuerdo que en más de una ocasión ante un problema les pregunto a mis niñitos “¿Cómo lo resolverían uds.?” Por supuesto, el solo planteamiento de la pregunta supone un cambio de conceptos subyacentes. Aquí el concepto clave es el de educador; concepto que según la teoría sociocultural de Vigotzky es el que saca a la luz, principalmente a través del “descubrimiento de contradicciones en las que se incurrió al interpretar o entender los fenómenos de manera determinada” (Ríos, 1997, p. 33). Esta noción sobre el aprendizaje me recuerda una ocasión en la cual los niños llegaron con la novedad de que se les habían caído los dientes. Entonces después de hacer unas cuantas preguntas circunscritas a sus dientes los motivé a leer el libro “Un diente se Mueve”, el resultado fue que nunca antes como ese día los había visto ver un libro y “leerlo” con tanto placer. Seguidamente, en la reunión de grupo, tomando en cuenta que Ríos (ob. cit.) considerando a Vigotzky quien dice que “la única buena enseñanza es la que precede al desarrollo” (p. 37) y tomando en cuenta mi papel como mediador social empecé a preguntarles ¿Qué hacen cuando se les cae un diente?, ¿dónde lo ponen?, ¿por qué el Ratón Pérez no les trae la misma cantidad de dinero a cada uno de ustedes?, ¿será que algunas veces se queda sin dinero?, ¿hay un solo ratón para todo el mundo?, ¿Me traerá algo a mí si pongo bajo mi almohada los dientes que se me cayeron cuando era niño y que aún conservo?, ¿qué pasaría si los pusiera bajo la almohada de mi hermana que sí es una niña? Para algunas de estas preguntas mis alumnos tuvieron respuestas; para otras no encontraron respuesta alguna, pero al presentarles varias alternativas, pudieron razonar y encontrar una opción de respuesta. Ello resultó interesante puesto que considerando lo planteado por Vigotzky en relación con lo que llamamos Zona de Desarrollo Proximal, es absolutamente impresionante lo que pueden hacer los niños con ayuda de otros en comparación con aquéllo que hacen solos.

Según ese enfoque socioconstructivista el maestro es el encargado de mediar los nuevos aprendizajes a través de la mediación social, la cual es concebida como la interacción social con un compañero o adulto que favorece la internalización de funciones psicológicas nuevas. Por ello “la verdadera dirección del proceso de desarrollo del pensamiento infantil va (…) de lo social a lo individual” (Vigotzky, 2007, p.78). Como puede apreciarse, este énfasis que Vigotzky da a lo social supone un fuerte arraigo hacia el empirismo como corriente filosófica, puesto que prioriza la experiencia como forma de conocimiento. Sin embargo, el problema se complica al tratar de explicar a la luz de estas teorías y postulados antes mencionados el proceso de aprendizaje de la lectura. Según Huey (citado en Antonini y Pino, 1991) “analizar completamente lo que hacemos al leer (…) sería describir muchos de los más complejos procesos de la mente humana, al igual que desenredar la compleja trama de la actuación específica más notable que la civilización haya logrado en toda su historia” (p. 137).

Pero a qué se debe ello. Precisamente reconocer el carácter simbólico de la lengua escrita en su actividad de la lectura, a la par de su más alto nivel de arbitrariedad como una de las más importantes producciones culturales de la humanidad, es la clave para comprender las dificultades de nuestros alumnos al leer. La capacidad para decodificar y / o reproducir en un momento determinado cierto conjunto de signos lingüísticos convencionalmente aceptados por el colectivo al cual se pertenece, tomando en cuenta que “los lenguajes escritos (…) son formas alternativas y paralelas del lenguaje oral en tanto modos de representar significado” (Goodman, 1991, p.18), hace que el proceso de aprendizaje de la lectura y escritura sea un proceso secuencial y dependiendo del caso, más o menos lento.

En consecuencia, me inclino preferentemente hacia la definición de lectura aportada por la psicología cognitiva según la cual la misma es entendida como un proceso mental complejo y cuyo mecanismo es tratado de explicar por la existencia de entidades no observables (Antonini y Pino, 1991). De acuerdo con esta definición, lo que pasa entre la presentación del texto ante el lector y el acto de lectura como tal es explicado a través de representaciones abstractas y organizadas llamadas modelos. Entre tanto, tenemos modelos ascendentes, descendentes e interactivos, los cuales coinciden en que el proceso de lectura incluye la identificación de letras, de palabras, de oraciones y de estructura gramatical, la asignación de significado a palabras y oraciones, el establecimiento de relaciones entre oraciones del texto, la utilización del conocimiento previo para predecir información y adivinar el significado de palabras desconocidas y la realización de inferencias basadas en el contexto de lo leído y en los esquemas cognitivos del lector. En tanto que la diferencia básica entre tales modelos está en que los llamados descendentes parecen describir mejor al lector eficiente y los ascendentes parecen explicar al niño que aprende a leer. Sin embargo, me inclino fuertemente a pensar que, aunque mi trabajo como promotor de lectura se desarrolla en el ámbito de preescolar y con niños que apenas están aprendiendo a leer o tan sólo están iniciados, el mismo se encuadra más dentro los modelos descendentes.

De acuerdo con lo anterior, me identifico más con el modelo de Goodman, que a diferencia de los modelos descendentes, supone una importante interacción entre pensamiento del sujeto y su lectura, influida por las expectativas formadas por la acción ejercida por su conocimiento del lenguaje y sus experiencias previas. En otras palabras, “ toda lectura es interpretación y lo que el lector es capaz de comprender y de aprender a través de la lectura depende fuertemente de lo que (…) se conoce y cree antes de la lectura” (Goodman, 1991). Las razones por las cuales concibo un proceso de lectura como el explicado por Goodman responden a que concibe al lector equipado con algunas claves agrupadas en tres grupos. El primero, está a nivel de la palabra, el segundo de marcadores estructurales y el tercero incluye las que trae el lector. Aunque debo admitir que nunca he tenido la grata experiencia de enseñar a leer y escribir a alguien, tengo algunas ideas sobre cómo debería ser el proceso. Esas ideas, hoy fortalecidas con mi postura filosófica y pedagógica, me permiten guiar una práctica escolar tan importante como la lectura.

Por ejemplo, en la biblioteca escolar donde trabajo, se me exige ofrecer algunos contenidos relacionados con el libro tales como por ejemplo sus partes. Entonces allí nos tocaría hablar de tapa o cubierta, contratapa o contracubierta, lomo, portada, contraportada y canto. Otro aspecto de los contenidos se refiere a las personas que intervienen en la realización de un libro. Por tal razón, me corresponde hablar de autor, ilustrador y traductor. Asimismo, me corresponde hablar con los niños sobre las partes del cuento como son el inicio, desarrollo y cierre. Tomando en cuenta que según Ferreiro y Teberosky (1993) “ningún aprendizaje conoce un punto de partida absoluto, ya que por nuevo que sea el contenido a conocer, éste deberá necesariamente ser asimilado por el sujeto y, según los esquemas asimiladores a disposición, la asimilación será más o menos deformante” (p. 33), yo coloco carteles por toda la biblioteca con todos los contenidos antes mencionados, de tal modo que cuando ellos los ven les pregunto ¿qué hay allí?, ¿dónde ven palabras?, ¿cómo saben si es una palabra?, ¿si pusiera una sola letra repetida muchas veces sería una palabra?, ¿qué creen uds. que dice en cada cartelito?, ¿qué palabra resulta más larga al pronunciarla y cuáles de las palabras que están en la pared son cortas?, ¿qué letras de las que están allí conocen uds.?, oigan el sonido, contratapa y contraportada, ¿comienzan igual?, ¿qué palabras uds. observan en la pared que comiencen igual?. Les propongo comparar letras, a ver las diferencias. Ahora que ya sabemos dónde comienzan las diferencias entre las dos palabras, piensen con qué letra comienza la palabra tapa y con qué letra comienza portada.

Como nos podemos dar cuenta hasta aquí, en la situación anteriormente descrita se emplean las claves correspondientes al primer grupo, es decir, la relación entre sonido y letra, formas de las palabras, afijos y palabras conocidas, partiendo siempre de las ideas previas y los conocimientos que haya podido adquirir el niño hasta ese momento. Con ello quiero resaltar que el niño sabe mucho más de lo que cree saber, y el arte del educador es precisamente hacer que el niño se de cuenta de todo lo que conoce y que sepa usarlo para seguir aprendiendo.

Para concluir y ratificando estas ideas, hoy por hoy estoy convencido de que no podemos ser tan rígidos a la hora de plantear los fundamentos pedagógicos de un docente. Por el hecho de que nuestro basamento filosófico sea racionalista y porque creamos firmemente que hay estructuras mentales de procesamiento de información que son innatas, no podríamos negar el fundamento empirista que necesariamente debe tener todo educador al empezar a construir los nuevos conocimientos del niño sobre la base de los aprendizajes adquiridos hasta el momento. Por otra parte, en cuanto a lo psicológico tengo la convicción de que es infinitamente más productivo adoptar el punto de vista cognoscitivista del aprendizaje, puesto que nos ayuda a explicar lo que probablemente pase en la cabeza de un aprendiz mientras está aprendiendo a leer y escribir, o mientras lo hace cuando ya tiene práctica. Pienso que mi práctica docente tiene, como ya se dejó ver a lo largo de toda la argumentación, una marcada influencia del constructivismo, así como de la teoría sociocultural y de que guiar la investigación educativa partiendo de estos postulados teóricos es más positivo para mi práctica docente que hacerlo partiendo de cualquier otro.


Bibliografía
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Barbot, D. (2001): Un diente se mueve. Caracas: Ekaré.
Barrera, L. y Fraca, L. (1991). Psicolinguística y desarrollo del español. Caracas: Monte Avila. Coll, C. (1992). Constructivismo e Intervención Educativa. En: Rovira, M. (2000): El Constructivismo y la Práctica. Caracas: Laboratorio Educativo.
Ferreiro, E. y Teberosky, A. (1993). Los Sistemas de Escritura en el Desarrollo del Niño. Bogotá: Siglo XXI.
Goodman, K.: El Proceso de Lectura: Consideraciones a través de las Lenguas y del Desarrollo. En: Ferreiro, E. y Gómez, M. (Comp.) (1991). Nuevas Perspectivas sobre los Procesos de Lectura y Escritura. México: Siglo XXI Editores.
Gunsberg y Oper. (1977). Piaget y la teoría del desarrollo intelectual. Madrid: Dossat
Marcos, L. (1996). Claves de la Psicología del Aprendizaje Actual. Revista de Psicología General y Aplicada, 46 (2), 291-307.
Nassif, R. (1958). Pedagogía General. Buenos Aires: Kapeluz.
Rios , J (1997). La Mediación del Aprendizaje. En: Lev Vigotzky: Sus Aportes para el siglo XXI. Cuadernos UCAB. Caracas
Vigotzky, L (2007). Pensamiento y Habla. Buenos Aires: Ediciones Colihue.