Thursday, July 9, 2009


"La vida es como un cuento y vivirla el mejor de ellos"

Armando Quintero (2000). Los Cuentos de la Vaca azul. Ediciones Vaca Azul y Cuentos de la Vaca Azul. Caracas. P.95


Imagen tomada de http://artedfactus.wordpress.com/2008/03/17/promotores-y-propuestas-de-promocion-de-la-lectura-en-venezuela-una-muestra/

Monday, June 29, 2009

Recomendando autores para niños y adultos


Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura

Curso: Lectura para Niños y Jóvenes


Víctor Mendizábal
C.I. 14.095.615





Nació en Barquisimeto en el año de 1903. Después de muchos años de ejercicio poético de altura y poder excepcionales, tan es así que es considerado como uno de los mejores poetas de América, Antonio Arráiz entró con la genial capacidad literaria que posee a la actualidad de narrador de cuento y novela. “Puros Hombres”, “Dámaso Velásquez”, son ejemplos novelísticos de indiscutible fuerza. Dentro del cuento ha dado iguales muestras de que su poder creador acepta y domina las dificultades de cualquier género. Especialmente grata la obra que ha realizado al aprovechar figuras tradicionales de nuestro folklore y utilizar lindas caricaturas de animales para fabricar deliciosas fábulas de sarcástica intención. La forma usada por Arráiz es antigua pero le da original sentido la fusión de una expresión lujosa y poética sobre un fondo narrativo de frescura infantil. Arráiz nos cuenta en sus historias de animales viejos enigmas, misterios conocidos, opiniones corrientes, pero su estructura poética y su riqueza verbal hacen vivir en estos cuentos suyos un mundo coloreado de plumas, de escamas, de aguas, de leyendas, por el cual el sarcasmo y la crítica desvanecen sus puntas en la travesura de un juego de arte. Estos cuentos de Arráiz son equiparables a lo mejor que haya él realizado en poesía y novela.



La Cucarachita Martínez. Fragmentos.
1º Entrega



El sultán se acostó con Sherazada en un estrado muy alto, como es costumbre entre los monarcas de Oriente, y Doniazada en una cama que se había instalado junto al lecho nupcial.

Una hora antes del amanecer, Doniazada se despertó y se apresuró a hacer lo que su hermana le había recomendado.


- Hermana mía –le dijo-, si no duermes cuéntame, mientras llega el día, que asomará pronto, uno de esos hermosos cuentos que sabes. ¡Quizás será ésta la última vez que tendré el placer de oírlos!


Sherazada, en vez de contestar a su hermana, se dirigió al Sultán, diciendo:


-Señor, ¿me permitís que complazca a mi hermana en esto que me pide?

-Con mucho gusto –respondió el sultán.

Entonces Sherazada le dijo a Doniazada que estuviera atenta, y dirigiendo la palabra al sultán, habló así:

Estaba la Cucarachita Martínez barriendo el sótano de la cueva bajo la mirada vigilante y ceñuda de Misia Rata, cuando se encontró un mediecito. En el primer instante palideció: quedó inmóvil, fría de emoción, las dos manos temblorosas apoyadas en el palo de la escoba y el corazoncito disparado en loco vértigo. ¡Ay de ella si hubiera perdido la serenidad!



-¿Qué te pasa? - le interrogó al momento Misia Rata.



Pero la Cucarachita Martínez estaba acostumbrada a reaccionar con viveza.


-Nada – dijo -. Me quedé pensando si le habíamos puesto orégano al asado. Yo creo que se nos olvidó el orégano. Todavía habrá tiempo de ponérselo.

-Ya lo creo que le puse su orégano – replicó, iracunda, la Rata-. ¿Qué te estás creyendo? El asado quien lo está haciendo soy yo. ¿Te imaginas que soy como tú, una zagarileja sin fundamento a la que todo se le olvida? Se me figura que debes estar enamorada. Estas muchachas de ahora no viven sino pensando en la vespertina, y en el paseo en automóvil, y en emperifollarse todo el santo día para ir diz que a oir una conferencia en el Pedagógico. ¡Dígame eso! ¿Desde cuándo las mujeres servirán para conferencias? La mujer, metida en su cocina, y al llegar la noche, a rezar el rosario para acostarse. ¡Cuándo las mujeres de mi tiempo! Yo, a tu edad, a estas horas ya tenía toda la casa como una tacita de plata, y todavía, con los años que tengo, te apuesto a que no se me ha olvidado ponerle orégano al asado.

Se reposó, tomó un sorbo de carato de guanábana con leche, que tenía en un vaso al alcance de la mano, y al cabo de un rato agregó:

-Sin embargo, por lo que pueda suceder, voy a ver si le puse orégano al asado.


Un minuto después regresaba triunfante de la cocina.

-¿No te lo decía yo? ¡Ya lo creo que le puse su orégano! Su orégano, su perejil, su adobo y todo lo demás. A mí no se me olvida nada, ¿lo has oído bien, niña? ¡Nada!

Sumamente majestuosa se tomó el resto del refresco.

Pero en el breve intervalo de su ausencia, la Cucarachita Martínez, rápida como una lanzadera de telar, había recogido el mediecito del suelo y lo guardó en el bolsillo del delantal.

Era un mediecito, auténticamente: todo un señor mediecito. Bastante liso: el rostro del Libertador se adivinaba más por el amor y la devoción de quienes lo contemplaban, que porque apareciese en realidad en rasgos visibles sobre la superficie. Pero, de todos modos era un mediecito.

-Una verdadera pieza de valor monetario, de ley de 835, diámetro de 16 milímetros y peso de 1,25 gramos –sentenció el Sietecueros-. La moneda tiene un valor real y uno simbólico: el valor real representa el metal precioso que contiene, que en el caso concreto es la plata en una aleación con cobre de 8,35 por 1,65. La plata es el Argentum de los latinos, y el símbolo con el que se le distingue es Ag. El valor simbólico expresa su poder adquisitivo, que varía según las fluctuaciones del mercado y el costo de la vida; y asimismo, la cantidad de valor del trabajo que se condensa en la moneda. La moneda fue inventada por los fenicios, y, rápidamente popularizada, ha sido adoptada por todo el mundo como el medio circulatorio más eficaz para las transacciones comerciales.

Nunca hubiera terminado su disertación, de no ser por la paloma, quien, abriendo con expresión inocente los hermosos ojos, interrogó de pronto:


-¿Por qué serán redondos los mediecitos?

-Jesús, niña: ¡Qué poco vuelo de inteligencia la tuya!- le replicó en el acto la gallineta -. Los mediecitos, y todas las monedas son redondas, porque sino no se podrían meter por los huecos de las alcancías.

La gallineta era bachillera en filosofía y letras, y todo cuanto pronunciaba rezumaba su profunda sabiduría.


-Yo creo más bien que las monedas son redondas para que …

Al llegar aquí, Sherazada vio que despuntaba el día, y sabiendo que el Sultán se levantaba muy temprano para rezar sus oraciones matutinas suspendió su relato.

-En verdad tu historia es bonita, amena y maravillosa- dijo Doniazada.

-Pues lo referido hasta ahora –replicó Sherazada-, no es nada en comparación de lo que referiré en la próxima noche, si el rey, mi Señor me concede la vida hasta entonces. Lo que falta es aún más maravilloso y sorprendente.


Schahriar, que había escuchado con placer a su esposa, se dijo: “Esperaré hasta mañana y la haré matar cuando haya terminado.

Referencias



  • Las Mil y una Noches. Tomo 1. (2003). Gustav Weil (Traductor). Edicomunicación, S.A. España.

  • Arráiz, A. (s.f). La Cucarachita Martínez y Ratón Pérez. En: Meneses, G. (1992). Antología del Cuento Venezolano. Monte avila editores. Caracas.

Tuesday, June 23, 2009

"...si realmente es cierto que con lectura se ha vuelto loco [Alonso Quijano], entonces tendremos que reconocer que ha elegido la mejor forma de convertirse en otro, que en eso pienso que consiste la locura".
José Saramago, Presidente de honor de la Fundación Alonso Quijano.

Imagen tomada de Miguel de Cervantes (1999). El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Intermadio Editores. Bogotá. P. 5.

Saturday, December 13, 2008

Una sección para biografías de personajes importantes en la educación venezolana



Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura

Víctor Mendizábal
C.I. 14.095.615




A propósito del Centenario del Natalicio del
Dr. Rafael Vegas Sánchez



Quien tras más de 11 años de ausencia vuelva a la ciudad de Valencia en la actualidad, probablemente se sorprenda al ver cómo ésta ha crecido. Verá que donde antes había terrenos llenos de monte ahora hay urbanizaciones, que las calles se quedaron angostas ante el desmesurado volumen de vehículos que ahora transitan por ellas y se sorprenderá ante la construcción del metro, que en un futuro, interconectará a toda la ciudad mostrando así otra cara de Valencia, la Valencia moderna. Pero sin lugar a dudas, lo que llamará la atención de este visitante, y que antes no era tan frecuente observar, será la gran cantidad de personas viviendo en la calle, sin rumbo, durmiendo a la intemperie, tras noches lluviosas, en las que, quien sabe si hayan comido o no.

Como dijera Luís Luksic (1985) en su “Canto al Hombre” se trata del “Gran Señor del Universo que vive en una casa sin número, en una calle sin nombre, (cuyo) techo es el cielo, las paredes el horizonte…”. Su ropa es modesta, se trata de un pantalón, un sombrero y un saco agujereados, por donde se filtran volando las abejas. Lo curioso es que quien se pasee una noche por las inmediaciones de la Av. Lecuna o la Av. Bolívar de Caracas podrá apreciar igualmente que entre sus esquinas deambulan, “como sin rumbo”, otros “Grandes Señores del Universo”, que en ocasiones, hasta llegan a ser niños.

La reacción más frecuente del transeúnte es apresurar el paso ante dicho espectáculo de la miseria humana, tal vez por temor a la inseguridad, lo cual es perfectamente comprensible, tal vez ante la apremiante necesidad de acallar las voces de su conciencia, que como perteneciente a la gran familia humana le reprocha el permanecer indiferente ante la carencia material del prójimo. O tal vez como un mecanismo de defensa contra la sensación ineludible que le acusa y le señala como integrante de una sociedad que no ha sabido, no ha podido o no ha querido resolver los problemas de todos sus integrantes.

El problema adquiere dimensiones desproporcionadas e inmanejables para el ciudadano de a pie, pues éste sabe que tras el que pide dinero para comer o para tratamientos médicos se oculta, ocasionalmente, un explotador. Es allí cuando una parte de nuestro ser se escuda tras refranes como los populares “Éramos muchos, y parió la abuela” o “Tantos pobres juntos pierden la limosna”, mientras que otra parte muy interna nuestra clama a gritos condescendencia, echando mano de dichos como “Donde comen dos, comen tres”, o “Haz bien, y no mires a quien”. Lo indiscutible en todo esto es que se trata un problema que actualmente tiene que resolver el Estado, pues es demasiado grande y complejo para ser atendido por particulares.

El personaje que sirve de inspiración para la realización de este ensayo, con motivo de conmemorarse el centenario de su Natalicio, a saber, el Dr. Rafael Augusto Vegas Sánchez, supo darle a este problema una visión particular, no se quedó con los brazos cruzados esperando que otros lo resolvieran a su parecer sino que hizo su modesto aporte, cargado de una gran sensibilidad y de su particular manera de entender la vida.

Cuenta Arístides Bastidas (1978) que a Rafael Vegas “le dolía como en carne propia la dramática realidad del niño realengo, sin pan, sin cama y sin techo, perpetuo habitante de la calle, su única maestra” (p. 145). De hecho, un día, cerca del Nuevo Circo, presenció la riña de dos limpiabotas, y los separó, persuadiéndolos con convincente ternura de que dejaran de hacerse daño. El incidente llegó hasta allí, sin embargo, al otro día el Dr. Vegas se enteró de que este niño murió rato después de haberse acostado, debido a que sangraba profusamente por la nariz. Todo el mundo culpaba de su muerte al niño con quien peleó, razón por la cual, a pesar de su corta edad, lo habían encarcelado.

No obstante, nuestro personaje, el Dr. Vegas tenía la convicción de que los golpes no fueron la causa de su muerte, sino el haberse ahogado con su propia sangre. Por lo cual, aunque no sabía mucho de leyes tomó el caso en sus manos, discutiendo con Procuradores, hasta lograr que el niño quedara bajo su protección, haciendo prácticas agrícolas en una hacienda de los Mendoza. De este modo, le brindó la oportunidad de un mejor futuro, una mejor vida, con educación, salud y vivienda.

Y es que el afán por la educación de calidad que sintió el Dr. Vegas durante su maratónica vida lo acompañaba desde hacía mucho tiempo, por lo menos desde después del fracaso de la invasión del “Falke”, cuando en una conversación con Juan Colmenares reconoce como fruto de su trabajo de reflexión, que debían esmerarse en conocer y enrumbar a los muchachos más aptos (Bastidas, 1978).

Ideas y acciones como las señaladas convirtieron al Dr. Rafael Augusto Vegas Sánchez en Ministro de Educación bajo la presidencia del General Isaías Medina Angarita. Este convicción y filosofía de vida, aún antes de ocupar tan importante cargo, fue lo que las que lo condujeron a fundar el Instituto de Preorientación de los Teques y a presidir el Consejo Venezolano del Niño, entre tantas otras actividades, entre la que destaca la fundación del Colegio Santiago de León de Caracas.

Por último y ante todos estos planteamientos cabe la pregunta: ¿Será que Venezuela necesita en los actuales momentos otro singular personaje como el Dr. Vegas? Probablemente, entretanto, cada quien puede poner su granito de arena desde su lugar de trabajo, haciendo lo mejor posible, tal vez algún día, no muy lejano, podamos resolver el problema aquí planteado. Será ese día, cuando en celebración de lo logrado, tal como dice Luís Luksic, “(…) el hombre hará recorrer un ferrocarril sobre un rayo de luz” (Luksic, 1985).
Bibliografía
  • BASTIDAS, A. (1978). Rafael Vegas de Arístides Bastidas. Ariel. Caracas.
  • LUKSIC, L. (1985). Luís Luksic. Editorial: Tinta, Papel y Vida Derelieve.


Saturday, November 1, 2008

Recomendando autores para niños y adultos





Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura
Curso: Lectura para niños y jóvenes
Profesora: Norma González Viloria.


Víctor Mendizabal
Cohorte: 2007 - II



Roald Dahl
Biografía de Roald Dahl
“Si se quiere hablar de libros infantiles se debe empezar por Roald Dahl y terminar también con él.”. No obstante aunque pareciera contradictorio, durante su edad escolar era considerado por su profesor de inglés como “incapaz de ordenar sus pensamientos sobre el papel”. De hecho, en ese momento, nadie podría haber imaginado la enorme importancia que jugaría en nuestros tiempos en cuanto a enganchar a los niños en la lectura, hasta el punto de que para muchos niños Roald Dahl es sinónimo de lectura.

Su padre, aunque murió meses más tarde de que Roald cumpliera tres años, influyó mucho en la sensibilidad artística de sus hijos toda vez que tenía un profundo interés por lo bello, lo cual demostraba llenando la casa de cuadros y mobiliario selecto.

Roald nació en 1916 en Gales y tenía 23 años cuando estalló la guerra, fue entonces cuando decidió alistarse en la RAF (Real Fuerza Aérea) en Nairobi, en la cual fue aceptado como oficial piloto de un caza Gladiador contra los italianos en el desierto occidental de Libia, en donde tuvo la “luger” del jefe de un convoy nazi apuntándole a la cabeza, se estrelló en tierra de nadie (sufrió heridas que provocaron que le sacaran la nariz y se la rehicieran). Finalmente fue enviado a casa como inválido y transferido más tarde a Washington como agregado militar aéreo.

Allí comenzó en serio su carrera como escritor debido a que después de su encuentro con C.S. Forrester, quien le pidió a Dahl que le contara su versión de la guerra para una futura publicación con el fin de estimular el patriotismo de los muchachos, Dahl decidió plasmarlo sobre papel y Forrester quedó tan impresionado que inmediatamente buscó a un editor de revista para su publicación. Roald se quedó en Estados Unidos alcanzando renombre por sus historias publicadas en el Saturday Evening Post.

Dahl y su familia regresaron a Inglaterra en 1960 y se establecieron en Gipsy House (la casa gitana) en Great Missenden, Buckinghamshire. Fue allí, en una pequeña cabaña al fondo del jardín, donde escribiría la mayoría de sus inolvidables libros. La cabaña era un lugar pequeño y sombrío pero que Roald veía como un refugio acogedor. Christopher Simon Sykes recuerda: “Una cortina de plástico sucia cubría la ventana. En el centro había un sillón de orejas descolorido, heredado de su madre, y era allí donde se sentaba Dahl, con los pies encima de un baúl, con las piernas tapadas con un trapo de cuadros apoyando un rollo de papel ondulado sobre el que apoyaba su tabla para escribir había dibujos, fotografías y otros recuerdos pinchados por las paredes, y, a su derecha, una mesa cubierta por una colección de sus curiosidades favoritas, tales como uno de los artríticos huesos de su cadera, y una extraordinariamente pesada bola de papel hecha de papel de plata usado en las muchísimas chocolatinas consumidas en su juventud.


La carrera de Roald pasó a un segundo plano cuando la familia sufrió varias tragedias. Su hija mayor, Olivia, falleció después de un sarampión que degeneró en una encefalitis (inflamación del cerebro). Theo, su hijo de tres años, sufrió daños cerebrales tras un accidente de carretera. Por tal razón, con la ayuda de dos amigos, un ingeniero y un neurocirujano, Roald pasó meses desarrollando una válvula para drenar líquido del cerebro y permitir a Theo vivir sin dependencia de los aparatos. La válvula Wade-Dahl-Till todavía se usa hoy en día.

Murió el 23 de noviembre de 1990 a los 74 años en Oxford, y curiosamente, desde entonces, sus libros no solo han mantenido su popularidad sino que, tan solo en Estados Unidos sus ventas han llegado hasta el punto de poder empezar a ser considerados en el estatus de Bestseller, que le fue esquivo durante toda su vida.

Sus libros están hechos de fantasía y sobre todo de mucha imaginación. Siempre son un poquito crueles, pero siempre con humor, una mezcla entre lo cómico y lo grotesco. Un tema frecuente en ellos es que la gente no es lo que parece ser. La ambientación de sus historias está perfectamente trabajada con detalles muy cercanos a la realidad. Una vez dijo sobre ellas: "Hago mis historias con gran exageración. Es la única manera de llegar a los chicos".

Sus libros para niños son:

  • Las brujas

  • Charlie y la fábrica de chocolate

  • Charlie y el gran ascensor de cristal

  • Los cretinos

  • James y el melocotón gigante

  • Danny el campeón del mundo

  • El dedo mágico

  • Que asco de bichos. El cocodrilo enorme

  • El superzorro

  • Matilda

  • La maravillosa medicina de Jorge

  • El gran gigante bonachón

  • Boy (Relatos de infancia)

  • Volando solo

  • Cuentos en verso para niños perversos

  • El vicario que hablaba al revés

  • Mi año

  • Los Mimpins

  • Agu Trot
En tanto que sus libros para adultos son:
  • Relatos de lo inesperado

  • La venganza es mía S.A./ Génesis y catástrofe

  • El gran cambiazo

  • Mi tio Oswald

  • Historias Extraordinarias
Varios de los libros de Roald Dahl fueron llevados al cine y muchos niños y adultos disfrutaron de una buena película sin saber que estaba inspirada en una obra del escritor.

Todo empezó cuando Nicolas Roeg filmó una sugestiva versión de su novela Las brujas (1990, con Anjelica Huston y efectos especiales del inolvidable Jim Henson), hastael punto de que hoy Dahl ya está definitivamente instalado en la gran pantalla gracias a los últimos estrenos de "Matilda" (1996, dirigida por el maestro Danny de Vito) y "Jim y el durazno gigante" (1996, con producción de Tim Burton).

Por ello se puede decir que durante un período de 20 años, desde James y el melocotón gigante a La jirafa, el pingüino y yo, Dahl escribió una deslumbrante serie de libros para niños de todas las edades, que se imprimirán mientras haya librerías que los almacenen, es uno de los más grandes escritores para niños de todos los tiempos, y el mejor contador de cuentos que Gran Bretaña ha producido en la segunda mitad del siglo XX.

Como una pequeña muestra de su obra se consideró apropiada su versión de “La Caperucita Roja y el Lobo”, tomada de su libro “Cuentos en Verso para niños Perversos” dice así:


Caperucita Roja y el Lobo
Estando una mañana haciendo el bobo
le entró un hambre espantosa al señor lobo
así que, para echarle algo a la muela
se fue corriendo a la casa de la abuela.
“¿Puedo pasar, Señora?”, preguntó.
La pobre anciana al verlo se asustó
pensando: “¡Este me come de un bocado!”
Y, claro, no se había equivocado:
se convirtió la abuela en alimento
en menos tiempo del que aquí te cuento.
Lo malo es que era tan flaca y tan huesuda
que al lobo no le fue de gran ayuda:

“Sigo teniendo un hambre aterradora…
¡Tendrè que merendarme otra señora!”
Y, al no encontrar ninguna en la nevera,
Gruñó con impaciencia aquella fiera:
“Esperaré sentado hasta que vuelva
Caperucita Roja de la Selva”
y porque no se viera su fiereza,
se disfrazó de abuela con presteza,
se echó laca en las uñas y en el pelo,
se puso su gran falda gris de vuelo,
zapatos, sombrerito, una chaqueta
y se sentó en espera de la nieta.
Llegó por fín Caperu a mediodía
y dijo: “¿Cómo estás abuela mía?
¡Por cierto, me impresionan tus orejas!”
“Para mejor oirte, que las viejas
somos un poco sordas”. “Abuelita,
que ojos tan grandes tienes!”. “¡Claro, hijita,
son los lentes nuevos que me ha puesto
para que pueda verte Don Ernesto
el oculista”, dijo el animal
mirándola con gesto angelical
mientras se le ocurría que la chica
iba a saberle mil veces más rica
que el alimento precedente. De repente
Caperucita dijo: “¡Qué imponente
abrigo de piel llevas este invierno!”
El lobo estupefacto, dijo: “¡Un cuerno!
O no sabes el cuento o tú me mientes:
¡Ahora te toca hablarme de mis dientes!
¿Me estás tomando el pelo…? Oye, mocosa,
te comeré ahora mismo y a otra cosa”,
pero ella se sentó en un canapé
y se sacó un revólver del corsé,
con calma apuntó bien a la cabeza
y -¡pam!- allí cayó la buena pieza.

Al poco tiempo vi a Caperucita
cruzando por el bosque… ¡Pobrecita!
¿Sabes lo que la descarada usaba?
Pues nada menos que con un abrigo desfilaba
y a mí me pareció de piel de un lobo
que estuvo una mañana haciendo el bobo.


Bibliografía










Friday, August 22, 2008

Recomendando autores para niños y adultos


Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura
Curso: Lectura para Niños y Jóvenes
Profesora: Norma González Viloria

Víctor Mendizábal



Nació en Málaga, Santander. Es licenciado en Literatura de la Universidad Javeriana de Bogotá. Fue miembro de la Unión Nacional de Escritores y del Consejo de Redacción de la Revista “Puesto de Combate”. Dirige talleres de literatura infantil y el teatro de niñas “La Manzana Azul” en Pamplona, Santander. Entre sus principales obras están: “La silla que perdió una pata”, “La Media Perdida”, “La lagartija y el sol”, “El león que escribía cartas de amor”, editados por Carlos Valencia. “Los casibandidos” que casi roban el sol editado por Fondo de Cultura Económica de México. Asimismo ha sido ganador en varios concursos, entre los que cabe mencionar: Primer premio en el Concurso Enka de Literatura Infantil 1989 con la novela “Las batallas de Rosalino”. Premio Comfamiliar del Atlántico, 1992, con la obra “Caperucita Roja y otras historias”, Premio Colcultura 1993 con el libro de cuentos “La muchacha de Transilvania”.

El cuento “Caperucita Roja” ha sido reeditado por Panamericana Editorial, 1996, junto con otros cuentos, con el título “Caperucita Roja y otras historias perversas”, en los que recrea los cuentos maravillosos, logrando una parodia llena de humor e ironía a través del recurso de la modernización de elementos, situaciones y personajes. Es por ello, debido a la genialidad de este texto que se reproduce a continuación para el disfrute de los lectores.


Ese día encontré en el bosque la flor más linda de mi vida. Yo, que siempre he sido de buenos sentimientos y terrible admirador de la belleza, no me creí digno de ella y busqué a alguien para ofrecérsela. Fui por aquí, fui por allá, hasta que tropecé con la niña que le decían Caperucita Roja. La conocía pero nunca había tenido la ocasión de acercarme. La había visto pasar hacia la escuela con sus compañeros desde finales de abril. Tan locos, tan traviesos, siempre en una nube de polvo, nunca se detuvieron a conversar conmigo, ni siquiera me hicieron un adiós con la mano. Qué niña más graciosa. Se dejaba caer las medias a los tobillos y una mariposa ataba su cola de caballo. Me quedaba oyendo su risa entre los árboles. Le escribí una carta y la encontré sin abrir días después, cubierta de polvo, en el mismo árbol y atravesada por el mismo alfiler. Una vez vi que le tiraba la cola a un perro para divertirse. En otra ocasión apedreaba los murciélagos del campanario. La última vez llevaba de la oreja un conejo gris que nadie volvió a ver.

Detuve la bicicleta y desmonté. La saludé con respeto y alegría. Ella hizo con el chicle un globo tan grande como el mundo, lo estalló con la uña y se lo comió todo. Me rasqué detrás de la oreja, pateé una piedrecita, respiré profundo, siempre con la flor escondida. Caperucita me miró de arriba abajo y respondió a mi saludo sin dejar de masticar.

– ¿Qué se te ofrece? ¿Eres el lobo feroz?

Me quedé mudo. Sí era el lobo pero no feroz. Y sólo pretendía regalarle una flor recién cortada. Se la mostré de súbito, como por arte de magia. No esperaba que me aplaudiera como a los magos que sacan conejos del sombrero, pero tampoco ese gesto de fastidio. Titubeando, le dije:
– Quiero regalarte una flor, niña linda.

– ¿Esa flor? No veo por qué.

– Está llena de belleza –dije, lleno de emoción.

– No veo la belleza –dijo Caperucita–. Es una flor como cualquier otra.

Sacó el chicle y lo estiró. Luego lo volvió una pelotita y lo regresó a la boca. Se fue sin despedirse. Me sentí herido, profundamente herido por su desprecio. Tanto, que se me soltaron las lágrimas. Subí a la bicicleta y le di alcance.

– Mira mi reguero de lágrimas.

– ¿Te caíste? –dijo–. Corre a un hospital.

– No me caí.

– Así parece porque no te veo las heridas.

– Las heridas están en mi corazón –dije.

– Eres un imbécil.

Escupió el chicle con la violencia de una bala. Volvió a alejarse sin despedirse. Sentí que el polvo era mi pecho, traspasado por la bala de chicle, y el río de la sangre se estiraba hasta alcanzar una niña que ya no se veía por ninguna parte. No tuve valor para subir a la bicicleta. Me quedé toda la tarde sentado en la pena. Sin darme cuenta, uno tras otro, le arranqué los pétalos a la flor. Me arrimé al campanario abandonado pero no encontré consuelo entre los murciélagos, que se alejaron al anochecer. Atrapé una pulga en mi barriga, la destripé con rabia y esparcí al viento los pedazos. Empujando la bicicleta, con el peso del desprecio en los huesos y el corazón más desmigajado que una hoja seca pisoteada por cien caballos, fui hasta el pueblo y me tomé unas cervezas. "Bonito disfraz", me dijeron unos borrachos, y quisieron probárselo. Esa noche había fuegos artificiales. Todos estaban de fiesta. Vi a Caperucita con sus padres debajo del samán del parque. Se comía un inmenso helado de chocolate y era descaradamente feliz. Me alejé como alma que lleva el diablo.

Volví a ver a Caperucita unos días después en el camino del bosque.

– ¿Vas a la escuela? –le pregunté, y en seguida caí en la cuenta de que nadie asiste a clases con sandalias plateadas, blusa ombliguera y faldita de juguete.

– Estoy de vacaciones –dijo–. ¿O te parece que éste es el uniforme?
El viento vino de lejos y se anidó en su ombligo.
– ¿Y qué llevas en el canasto?

– Un rico pastel para mi abuelita.

– ¿Quieres probar?
Casi me desmayo de la emoción. Caperucita me ofrecía su pastel. ¿Qué debía hacer? ¿Aceptar o decirle que acababa de almorzar? Si aceptaba pasaría por ansioso y maleducado: era un pastel para la abuela. Pero si rechazaba la invitación, heriría a Caperucita y jamás volvería a dirigirme la palabra. Me parecía tan amable, tan bella. Dije que sí.

– Corta un pedazo.

Me prestó su navaja y con gran cuidado aparté una tajada. La comí con delicadeza, con educación. Quería hacerle ver que tenía maneras refinadas, que no era un lobo cualquiera. El pastel no estaba muy sabroso, pero no se lo dije para no ofenderla. Tan pronto terminé sentí algo raro en el estómago, como una punzada que subía y se transformaba en ardor en el corazón.

– Es un experimento –dijo Caperucita–. Lo llevaba para probarlo con mi abuelita pero tú apareciste primero. Avísame si te mueres.

Y me dejó tirado en el camino, quejándome.
Así era ella, Caperucita Roja, tan bella y tan perversa. Casi no le perdono su travesura. Demoré mucho para perdonarla: tres días. Volví al camino del bosque y juro que se alegró de verme.

– La receta funciona –dijo–. Voy a venderla.

Y con toda generosidad me contó el secreto: polvo de huesos de murciélago y picos de golondrina. Y algunas hierbas cuyo nombre desconocía. Lo demás todo el mundo lo sabe: mantequilla, harina, huevos y azúcar en las debidas proporciones. Dijo también que la acompañara a casa de su abuelita porque necesitaba de mí un favor muy especial. Batí la cola todo el camino. El corazón me sonaba como una locomotora. Ante la extrañeza de Caperucita, expliqué que estaba en tratamiento para que me instalaran un silenciador. Corrimos. El sudor inundó su ombligo, redondito y profundo, la perfección del universo. Tan pronto llegamos a la casa y pulsó el timbre, me dijo:

– Cómete a la abuela.
Abrí tamaños ojos.

– Vamos, hazlo ahora que tienes la oportunidad.

No podía creerlo.

Le pregunté por qué.

– Es una abuela rica –explicó–. Y tengo afán de heredar.

No tuve otra salida. Todo el mundo sabe eso. Pero quiero que se sepa que lo hice por amor. Caperucita dijo que fue por hambre. La policía se lo creyó y anda detrás de mí para abrirme la barriga, sacarme a la abuela, llenarme de piedras y arrojarme al río, y que nunca se vuelva a saber de mí.

Quiero aclarar otros asuntos ahora que tengo su atención, señores. Caperucita dijo que me pusiera las ropas de su abuela y lo hice sin pensar. No veía muy bien con esos anteojos. La niña me llevó de la mano al bosque para jugar y allí se me escapó y empezó a pedir auxilio. Por eso me vieron vestido de abuela. No quería comerme a Caperucita, como ella gritaba. Tampoco me gusta vestirme de mujer, mis debilidades no llegan hasta allá. Siempre estoy vestido de lobo.

Es su palabra contra la mía. ¿Y quién no le cree a Caperucita? Sólo soy el lobo de la historia. Aparte de la policía, señores, nadie quiere saber de mí.

Ni siquiera Caperucita Roja. Ahora más que nunca soy el lobo del bosque, solitario y perdido, envenenado por la flor del desprecio. Nunca le conté a Caperucita la indigestión de una semana que me produjo su abuela. Nunca tendré otra oportunidad. Ahora es una niña muy rica, siempre va en moto o en auto, y es difícil alcanzarla en mi destartalada bicicleta. Es difícil, inútil y peligroso. El otro día dijo que si la seguía molestando haría conmigo un abrigo de piel de lobo y me enseñó el resplandor de la navaja. Me da miedo. La creo muy capaz de cumplir su promesa.

Wednesday, August 13, 2008

A Propósito de la "Tradición Oral"

Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura
Curso:Lectura para Niños y Jóvenes
Profesora: Norma González Viloria
Período Académico: 2008-I
Víctor Mendizábal
Literatura de Tradición Oral:
Llegó en barco de vacaciones y se quedó para siempre con nosotros

Quien haya ahondado un poco en la historia y evolución del lenguaje en nuestros países de Latinoamérica habrá tenido que remontarse hasta la época de la conquista y colonización, en la cual los misioneros se avocaron con verdadera dedicación al aprendizaje de las lenguas indígenas como una prolongación de su apostolado religioso, pues de esta manera, a través de la lengua, habría que penetrar en el mundo misterioso y temible de los indios, “no por abstracto afán científico, sino para comprender mejor al indio (con el propósito de) facilitar su catequización” (Rosenblat, 2002).

Tomando siempre en cuenta que “la lengua es la más alta creación humana, el repertorio más rico y elevado de los valores espirituales (…)” (Rosenblat, 2002, p. 389), los frailes se entregaron de lleno al trabajo lingüístico, por ello elaboraron artes, vocabularios, doctrinas, confesionarios y tradujeron los evangelios, las Epístolas y los Proverbios, en lengua indígena (Rosenblat, 2002), de esta manera, gracias al variado intercambio cultural se modificaron palabras, nombres, historias, leyendas y costumbres que fueron adaptadas al ser incorporadas al lenguaje de estas latitudes.

Un ejemplo patente de lo antes dicho lo encontramos en muchos nombres de América, por ejemplo a los indios habitantes de la tierra del fuego “Magallanes los llamó patagones, porque le recordaban (…) al monstruo Patagón, uno de los personajes de Primaleón, la popular novela de caballería de la época” (
Rosenblat, 2002, p.132), y de allí se concluye fácilmente a partir de dónde surge el nombre de Patagonia.

Sin embargo, las palabras y nombres no fueron las únicas sazonadas de mestizaje, pues la cuentística popular, y dentro de ella los cuentos de hadas, también fue adaptada a las nuevas necesidades y costumbres del criollo.


El Mestizaje del Cuento:
De los cuentos maravillosos españoles a los cuentos folcklóricos venezolanos.

El cuento maravilloso es una clase particular de los cuentos populares y que más ampliamente son denominados “de hadas”, “de encantamiento” o “fantásticos”, transmitidos, como todos los cuentos populares, de forma oral, sin que esta transmisión afecte a una determinada estructura narrativa, la cual se mantiene intacta, a pesar de todo lo que pueda variar el cuento, para que así, finalmente ayuden al niño a no dejarse vencer por las dificultades de la vida, aún cuando esté consumido por la sospecha de que sus padres no lo quieren (como en nuestro cuento) (Betelheim , 2000).

Sus funciones según Bettelheim (c.p. Fundalectura, 2000) son:

  • Transmitir la idea de que el proceso de separación e individualización, aún siendo muy doloroso, es una tarea ineludible de crecimiento que resultará para bien.
  • Dar a entender que para triunfar en la vida debemos afrontar los problemas resueltamente y con valor moral.
  • Devolver al niño su confianza en el futuro cuando la ha perdido, al tiempo que desarrolla un sentido de moralidad si se desea un final feliz a su proceso de crecimiento.
  • Decir que los buenos siempre son ayudados y recompensados y que al final triunfan.

En el caso del cuento maravilloso español “es un relato construido según la sucesión regular de las funciones citadas en sus diferentes formas, con ausencia de alguna de ellas en tal o cual relato, y repeticiones de otras en tal otro (y que) podrían ser designados como cuentos que siguen un esquema con siete personajes” (Propp, 1960; c.p. Almodóvar, 1986), que según Propp (1972, c.p. Salas, 1985) son cuentos que partiendo de un daño o una carencia llegan, después de haber pasado por funciones intermedias , a bodas u otras funciones utilizadas como desenlace tales como una recompensa, una conquista o la eliminación de un daño.

Como complemento de los cuentos maravillosos españoles, que fueron transformados ligeramente y adaptados una vez que llegaron a América, encontramos al cuento folcklórico, que designa a los relatos existentes entre los iletrados y analfabetos de nuestra propia cultura, que en un sentido un poco más ampliado, aunque siguiendo los criterios de Aarne y Thompson en la elaboración del índice de cuentos folcklóricos, corresponde a aquellas narraciones constantes y orales encontradas en el área de tradición conformada de la India a Irlanda y las tierras ocupadas por pobladores provenientes de estas áreas (Salas, 1985).

En este sentido el cuento folkclórico, dentro del contexto de este trabajo se aplica a aquellas narraciones de tradición oral cuya vía de introducción a nuestro país se realizó a través de España.

En particular se desarrollará y analizará el caso la transformación del cuento “la Niña sin Brazos”, el cual, en líneas generales trata sobre una muchacha más bonita que su madre, quien debido a la envidia que siente decide cortarle ambos brazos y dejarla en medio del bosque a su suerte. Transcurrido cierto tiempo, un príncipe la consigue, se casa con ella y tiene un hermoso bebé, el problema fue que más tarde el príncipe (ahora Rey) tuvo que hacer un largo viaje por mucho tiempo y a causa de una trampa que hizo una bruja con la correspondencia que se enviaban, la mamá del Rey expulsa a su esposa del castillo junto con su niño.

Con el transcurrir del tiempo a la mujer se le cayó el niño en la laguna y ante la desesperación y la impotencia de no poder rescatarlo debido a su discapacidad física, milagrosamente le salieron unos brazos con los cuales ahora sí pudo rescatar a su criatura. Más tarde encontraron una casa en medio del bosque en la cual se quedaron a vivir pero con el tiempo llegó el Rey buscando un poco de descanso. Fue recibido con mucha hospitalidad por su esposa, quien no se identificó, sino hasta servirle la cena, dentro de la cual estaba el anillo de bodas, con lo cual el Rey la termina de recordar y la lleva nuevamente a su palacio. (ver en los anexos el cuento completo , tanto en la versión española como en la venezolana).

En este punto valga la acotación que según Bettelheim (c.p. Fundalectura, 2000) esta soledad de “la niña sin brazos” junto a su hijo en medio del bosque impenetrable es una antigua imagen literaria que expresa la necesidad del personaje de conocerse a si mismo.

Como se puede apreciar en la versión española del cuento, el heroísmo esta ligado más a la culpabilidad o a la corresponsabilidad, que a la libre decisión de intervenir, lo cual parece obedecer a todo un rasgo fundamental de nuestra cultura (Almodóvar, 1986). Así, por ejemplo, en el caso que nos ocupa del cuento de “La Niña sin Brazos”, el héroe que rescata a la niña (ahora mujer) que en un inicio no tenía brazos, es el príncipe quien también fue, en cierto sentido, el culpable de que la botaran del castillo, ya que fue debido a su supuesta carta que ella se fue.

Otra característica de este cuento, en su versión española, es que el héroe no resulta claramente encargado de realizar la hazaña que reparará la fechoría del agresor, porque no existe un verdadero mandamiento y una aceptación o no por parte del héroe para actuar (Almodóvar, 1986), lo cual queda evidenciado puesto que el Rey llega a la casa de “la niña sin brazos” por casualidad, casi por error. Sin embargo sí se observa en el héroe, que tal como dice Colomer (1999) por ser hombre, se caracteriza por dominar los terrenos del poder, la aventura, la riqueza y la jerarquía social

Un rasgo que llama la atención es la identificación del héroe con la propia víctima, la cual de alguna manera es culpable de la carencia (Almodóvar, 1986). En nuestro cuento se aprecia esto puesto que al final se queda el lector pensando, si el héroe fue el Rey que rescató nuevamente a “la niña sin brazos” o fue ella porque rescató a su hijo de morir ahogado, a pesar de que inicialmente no tenía brazos. Por otro lado, se pudiera argumentar que la víctima del engaño del cambio de las cartas fue el Rey puesto que en todo momento creyó que su mensaje había llegado tal cual él lo escribió, ¿o fué “la niña sin brazos” quien fue despedida injustamente del castillo?

Es sumamente significativo que aparece el escrúpulo social de la heroína, al tiempo que ha perdido uno de sus atributos fundamentales, puesto que está sin brazos, por consiguiente la lucha de clases o el intentar salvar las diferencias de esta índole no aparece nunca y el único modo de escapar de la pobreza es el matrimonio, ya que se ha caído en desgracia por culpa de un miembro de la familia (Almodóvar, 1986). De esta manera, tal como afirma Colomer (1999) la mujer se caracteriza por cosas típicamente hechas o deseadas por las mujeres, como ser madre y esposa.

“La niña sin brazos” es el cuento donde más claramente se aprecia la cuestión inicial del incesto y sus consecuencias, manifestado elocuentemente a través de símbolos, que lo disfrazan, y que a diferencia de otros cuentos categorizados, al igual que éste, como románticos, tales como La Cenicienta y Blancanieves, inicia con una boda en tanto que en los cuentos citados la boda es el objetivo final (Almodóvar, 1986)

Esta boda, es sumamente importante, pues por el hecho de no tener brazos, se sugiere la posible pérdida de la virginidad, a través de una relación sexual previa, por eso el que el príncipe decida casarse con la joven representa la recuperación social de la violada (Almodóvar, 1986), terminando así su papel determinado a partir “de la relación con su marido” (Colomer, 1999, p. 52).

Para comprender mejor el caso de los cuentos españoles, es menester empezar diciendo que fue el ruso Vladimir Propp, quien en 1958 publica un primer libro, llamado “Semántica Estructural”, y que gracias a él es que se logra establecer una clasificación de los cuentos bastante rigurosa, estableciendo a partir de la comparación de las características de cada grupo, que los cuentos maravillosos españoles posiblemente pertenezcan al mismo tronco indoeuropeo, que se extendió por toda Europa, y cuyos personajes tienen 37 funciones (Almodóvar, 1986) .

Los cuentos españoles respetan escrupulosamente la ley descubierta por Propp, según la cual el orden de las funciones de los personajes se mantiene aunque desaparezcan algunas de ellas, no obstante debe tenerse en cuenta que lo esencial para que un cuento español sea auténticamente maravilloso es la existencia de un objeto o auxiliar mágico, que sirva para reparar la fechoría o la carencia inicial, o superar una prueba (Almodóvar, 1986).

Una vez que pasan a América y que son adoptados e incorporados, con sus respectivas modificaciones a nuestro acervo cultural, el 62% de los cuentos maravillosos suelen comenzar con una carencia económica o en su lugar, reflejan, a lo largo de la narración, un ambiente de pobreza, en tanto que un 38% surgen a partir de carencias morales, intelectuales, afectivas o de un objeto deseado. Esta situación nos presenta un mundo de muchachas abandonadas o maltratadas por parientes crueles, de jóvenes en busca de una esposa o de un objeto, de padres desesperados para obtener lo indispensable para sobrevivir, niños abandonados, expuestos o prometidos voluntaria o involuntariamente.

Los cuentos maravillosos, al formular la lucha del bien sobre el mal, presentan a unos personajes manejados como marionetas por fuerzas sobrenaturales externas, que están en constante oposición. En estos cuentos la realidad es asumida como maravillosa y lo maravilloso crea su propio lenguaje, transparente y concordante con el mundo claro y ordenado representado en la narración, en la cual la acción del mal y las fuerzas ocultas de la naturaleza quedan derrotadas (Salas, 1985). .

En líneas generales, en los cuentos venezolanos es frecuente , por alguna razón, que dentro de la familia, la cual no es estable y está llena de maldad, sea la mujer la escogida para representar la parte del traidor o malvado, por eso en “La Niña sin Brazos”, la madre debido a la belleza de su hija, siente muchos celos y decide deshacerse de ella , después de cortarle los brazos (Salas, 1985). Asimismo, aunque puede darse el caso de que aparezca en otros cuentos, en “La niña sin Brazos”, la familia está compuesta únicamente por la madre abandonada a su suerte, quien puede tener algunos hijos, de quienes el menor resulta siendo el héroe, lo cual es exactamente lo que pasa en la historia de “La Niña sin Brazos”, ya que ella es abandonada en el bosque a su suerte y después su hijo la ayuda a sobrevivir.

Sin embargo algo que llama la atención, tanto en la versión española como en la versión folcklórica venezolana es el hecho de que la madre de “La Niña sin Brazos” no sea castigada, y esto responde al hecho de que como regla general los progenitores tienden a desaparecer de la acción del cuento para dar paso a las aventuras, del viaje y de la lucha que emprenden el héroe o la heroína (Salas, 1985). Por ello aunque triunfa la bondad y la belleza sobre la crueldad y la maldad, no se observa un sistema de castigos.

En los cuentos venezolanos, la belleza radica en el rostro, pero puede darse como una forma de manifestación externa de la bondad, de la misma manera que la fealdad es manifestación de crueldad. La belleza puede ser causante de desgracias en los cuentos maravillosos de nuestro país, así por ejemplo, en uno el diablo se enamora de una muchacha bonita, el padre desea a su hija bonita en otro, y en nuestro caso la madre mutila a su hija por la misma razón.

Para concluir, es digno de mencionar que en nuestros cuentos maravillosos el inicio generalmente refleja una situación de total empobrecimiento, sin embargo la intervención de lo sobrenatural y de la ayuda mágica como elementos solventadores de la carencia económica es menos frecuente que en otros cuentos.

Bibliografía

  • ALMODOVAR, R. (1986): Cuentos maravillosos: Biblioteca de la cultura andaluza.
  • BETTELHEIM, B.: La Función Psicológica del Cuento. En: Fundalectura, Banco del Libro (Comp.) (2000): Una Mirada al mundo del niño desde el mundo de la fantasía. Caracas.
  • COLOMER, T. (1999): Introducción a la Literatura Infantil y Juvenil. Madrid. Síntesis.
  • ROSENBLAT, A. (2002): El español de América. Biblioteca Ayacucho. Caracas.
  • SALAS, Y. (1985): El Cuento Folcklórico en Venezuela. Academia Nacional de la Historia.

Anexos

Fuente: Almodóvar (1985): Cuentos Maravillosos. Biblioteca Andaluza.

La Niña sin Brazos

Este era un leñador que todos los días tenía que ir al bosque a por leña para mantener a su mujer y a una hija muy guapa que tenían. Un día le salió un hombre de detrás de una encina y le dijo:
- Si me das a tu hija te haré el hombre más rico del mundo.
Y para demostrárselo le entregó un talego lleno de monedas de oro. El hombre regresó a su casa y le contó a su mujer lo que había pasado. Esta se puso muy contenta cuando vio tanto dinero y dijo que aunque se tratara del mismo Diablo le entregarían a su hija.

Al día siguiente el leñador volvió a hablar con el hombre del monte, que era el Diablo y quedaron en que a la hora de la siesta éste iría a recoger a la muchacha. Y así fue. Aprovechando que la niña estaba dormida, el Demonio la montó en su caballo y le entregó otro talego de monedas de oro a los padres. Luego se marchó a todo correr. Cuando la niña despertó, al ver que la llevaba un desconocido, hizo la señal de la cruz. Entonces el Demonio se enfadó mucho, paró el caballo, y con su cuchillo le cortó los brazos a la niña para que no pudiera hacer más la señal de la cruz. Luego la desnudó y la colgó por los pelos de la rama de una encina, y allí la dejó.

Muy cerca de aquél lugar se hallaba el palacio del rey. Un día se organizó una cacería y los perros del rey encontraron a la niña sin brazos . Desde entonces todos los días le llevaban la comida que a ellos les daban en el palacio, de manera que se iban quedando cada vez más flacos. El hijo del Rey decía:

- ¿Por qué estarán mis perros cada vez más flacos?, ¿Es que los criados no les dan de comer?

Pero los criados dijeron que sí y entonces el príncipe dijo que había que vigilar a los animales. El mismo fue detrás de ellos, y así descubrió a la hermosa niña colgada de un árbol. En seguida mandó que la bajaran de allí y se la llevó al palacio.

Al poco tiempo el hijo del Rey les dijo a sus padres que quería casarse con la niña sin brazos. Los padres dijeron que sería una deshonra casarse con una mujer que no pudiera criar a sus hijos. Pero el muchacho dijo que eso no importaba teniendo criados. Y se casó con la niña sin brazos.

Al poco tiempo murió el rey. El príncipe heredó la corona y su mujer fue reina. Pero pronto se declaró una guerra y el nuevo rey tuvo que irse a luchar. Estando en la guerra su mujer tuvo dos mellizos como dos luceros y se lo mandaron a decir al rey en una carta. Pero el diablo se hizo con ella en mitad del camino y puso otra donde decía que la reina había tenido dos monstruos. El rey escribió otra carta donde decía: “Que los críen hasta que yo vuelva.” Pero otra vez el demonio se hizo con la carta y escribió otra diciendo: “Coge a los mellizos y degüellalos inmediatamente.”

Cuando la reina leyó la carta se puso a llorar y pensó que a sus hijos no los mataría por nada del mundo. Le contó a su suegra lo que pasaba y ésta la ayudó a escaparse. Le puso unas alforjas sobre los hombros y metió a los mellizos en ellas, uno a cada lado.

La muchacha se fue camino adelante, venga a andar, venga a andar, hasta que sintió hambre y sed, lo mismo que sus hijos. Se acercó a un pastor y a una pastora que estaban por allí cerca y les pidió que le pusieran a sus hijos a mamar, uno en cada pecho. Y así lo hicieron. Luego se los metieron otra vez en las alforjas. Ella les preguntó que dónde podría beber y los pastores le dijeron que muy cerca había un arroyo y más adelante una casa donde podría quedarse.

La niña llegó al arroyo y se agachó a beber. Por más cuidado que puso, se le cayeron los dos niños al agua y al quererlos recoger para que no se ahogaran la salieron los dos brazos y con ellos pudo salvar a sus hijos.

Se puso en camino otra vez y cuando ya se iba haciendo de noche divisó una lucecita y se encaminó hacia ella. Llegó a una casa donde no había nadie y allí se quedó a vivir con sus hijos .

Al cabo de unos años ya el rey había vuelto de la guerra y estaba cazando por aquéllos lugares, cuando se le hizo de noche. Vio la luz de la casa y se dirigió hacia ella. En cuanto la muchacha abrió la puerta le pareció que la conocía de algo, pero no dijo nada. Los dos niños no hacían más que mirarlo también y él a los dos niños, fijándose en ellos y en su madre. Por fin le dijo a ella:

- Si usted no tuviera brazos…

Y siguió comiendo. Y al rato otra vez se lo dijo:

- Si usted no tuviera brazos…

La mujer había preparado de postre un pastel, y dentro había metido el anillo de bodas, de manera que cuando él se lo encontró comprendió de pronto que ella era su mujer y aquéllos sus hijos. Los abrazó y todos contentos regresaron al palacio donde vivieron felices muchos, muchos años.

Fuente: Salas, Y. (1985): El Cuento Folcklórico en Venezuela. Academia Nacional de la Historia.

Historia de la Niña sin Brazos

Había una muchacha. Una señora tiene una hija. Entonce, la muchacha ya va grande, ya va una señorita, y la muchacha es más bonita que la madre de ella. Entonce llega ella:

- ¿Qué hago con esta muchacha? Yo le voy a quitar los brazos.

Le quitó los brazos, los guindó en el mojinete de la casa. La misia ’tá inútil, ’tá mocha.

’Tonces, la muchacha, después que se hallaba en este estado, se jue pa’ una selva, pa’ una hacienda. Usté sabe que siempre en las haciendas hay partes que no las registran, no la’ caminan. Ai se metió la muchacha, allá vivía, a morirse allá la pobre muchacha. Desgraciadamente ahí se hallaba como una desamparada, que no tenía auxilio de nada.

El amo de la hacienda tiene un perro, y el perro, caminando por allá, halla la muchacha por allá en el bosque, metida. El perro comía las tres comía’ del día, como las come la gente, las comía el perro. Pero ese día no quiso comerse la comía que le habían puesto en el plato, le daba vuelta con el hocico a la comía así y aullaba mmmi, mmi. Y ese perro que no quiere comer la comía y tal. Tanto fastidiar aquel perro, el perro ahí:

- ¡Embale la comía a ese perro! – dice el dueño.

Le hicieron una jayaca de comía y ahí le metieron todos sus pedazos como la comía de la gente. El perro agarra esa hayaca de comía y se va corriendo: chas, chas, chas pal monte. Se la llevaba a la muchacha. La muchacha picaba con el diente y ái se comía la comía, él se comía lo que sobraba de la muchacha. La muchacha iba y acostada boca abajo, bebía su agua ahí en la fuente de agua que había.

Pero al largo tiempo de estar ese perro en ese tesón, el perro se ’taba desnutriéndose, no tiene la vida que tenía el perro, no ’tá comiendo la comía que le ponen, el perro se ’tá agotando. Entonce dicen:

- ¿Qué habrá pasado’ este perro? Porque ese perro ende que cogió esa manía de que se lleva embojotado esa comía… Alguna cosa tiene que hacer ese perro con esa comía, porque si se la comiera tuviera gordo; pero ese perro alguna vaina hace con esa comida. Yo voy a seguir ese perro.

Y se va el hombre, siguiendo al perro, tas, tas, tas. A lo mucho tiempo, el perro andando y él atrás, chás, chás, chás hasta que dentró al bosque y llegó Juan. La muchacha tenía una cama ái pisada con las patas, tenía su camita ahí donde dormía. Bueno. Y vio cuando el perro le puso la hayaca de comía y ¡tácata!, le peló los dientes y ¡paqui! Y desfarató y se pegó a comer. Ahora, va allá el hombre y la ve: una muchacha simpática. Dentró, entonce, a enamorar a la muchacha, que debía ser su señora de él. Y la mujer le decía:

- Pero bueno ¿qué aspira usté conmigo? Si no me está viendo mi estado. ¿Qué va hacer usted conmigo?
- No, yo me la llevo pa’ mi casa. Usté allá en mi casa no necesita naa, yo tengo mi madre. Mi madre me la viste, me la baña, mi madre me le da la comía, mi madre me le da too a usté. Usté no va a necesitar… Usté va a ser la señora mía. Yo me voy a casar con usté.

Bueno, usté sabe que siempre dicen que la mujer es la parte débil, se fue con él y se casó. Después que ella tiene largo tiempo viviendo ahí, lo nombraron jefe civil pa’ otro estao pa’llá. Pero la mujer está embarazada, la mocha.

Le dice:
- Bueno, mamá, yo me voy, ahí te dejo mi pobre mocha. Cuídame mi pobre mujer, no me la haga desprecio, cuídamela como siempre me la has cuidado.
- No te preocupes hijo, yo te atiendo a tu mujer.
- OK.

Se fue el hombre, tiene mucho tiempo trabajando. La mujer, la muchacha se desocupó de un muchachito varón; muy bonito el muchachito. Entonce, la madre cogió un papel y escribe:

- Estimado hijo:
Tu mujer se desocupó con un niñito lo más bonito, varón y esto, esto, esto y tal.

.. Aquí ’tamos buenos y tal’’.

Y lo manda con un portador. Un portador se llama un hombre así que es correo.
En el camino estaba la madre de la muchacha, la que le había quitao los brazos y dice:

- ¡Ah, buen amigo! ¿Pa ’onde va por ahí? Pase adelante, acuéstese, ya le voy a hacer un café.

Le colgó una hamaca y:
- Quítate esa camisa para que te refresque.
Se quitó la camisa, la puso en una estaca y se acostó, y se queda dormido el hombre.
Viene la señora, le jalla la carta a ’onde le explica como era la forma del muchachito. Pues ¿Qué ha hecho la mujer? La mujer coge otro papel y escribe y dice:

- “Hijo:
Tu mujer ha parido un fenómeno, y esa mujer se ha puesto tan rebelde que eso no la puedo soportar”.
- ¡Una injuria! Pues, a la pobre mujer, le pone la madre de ella.
’Tonce, el hombre allá ve la carta. Entonce le hace otra:

- Estimada madre:
Si mi mujer ha parido ha parido un fenómeno, ese hijo es mío. Cuídame mi muchachito, lo que sea me lo cuida. Ese es mi hijo, esa es mi sangre. Ténmele paciencia, eso puede ser que tú no me le atiende a mi pobre mujer y tal”.

Y viene con la carta bien hecha. Y entonce el hombre vuelve a pasar por la casa de la mamá.

- ¡Oh buen amigo! ¿Pa’ ónde va, pues buen amigo?
- Voy pa’llá.
- Pase adelante, voy a hacer un café, acuéstate chico.
- No.
- Quítate la camisa.

Se quitó la camisa, le volvió jallar la carta, la sacó y le puso otra:
- “Estimada mamá:

Sírvete tú de esta mujer botármela, que mis ojos no la vean más, porque si yo llego, voy allá y hallo esa mujer aquí, tú penas la vida, te mato”.

- Mira hija! Lo que dice mi hijo, que pierda la vida si tú te hallas aquí. ¿Cómo hago yo contigo?
- Bueno, yo me voy a dir pa’la selva –le dice ella-. Mete a mi hijo entre un guanepe.

’Tonce le hizo un guanepe por el pescuezo y le acolocó el niñito de modo que el mismo muchachito mamara de los senos así, diera la vuelta y mamara. Y la llevó, la botó a la pobre muchacha.

Entonce, entualito, al largo tiempo, el muchachito va pataleando y se sale del seno de la madre, del guanepe ’onde ’tá metío. Entonce, el muchachito recoge frutitas y le va dando a la madre en la boca y le lleva agua y le da, y come él, y así está asistiendo a la madre, la ’tá sosteniendo. ’Tonce, después que el muchachito ya va grandito salieron caminando. Le dijo:

- Mamá, vámonos, vamos a ver que jallamos por ahí, alguna vaina, a salir a lo claro, aquí lo que tenemos es agua y frutitas.

Salió a un vecindario, un pueblo. Ese muchachito era un gran médico que curaba la mínima enfermedad que había. Y, entonce, está el muchachito haciendo curaciones y llevándole sacos de reales por las curaciones que hacía, y remedio y curando gente y remedio. Bueno, después que ’tá bien rico, que no hallaba que hacer, le dice:

- Mamá, yo voy a pedir una limosna, mamá.
- Pero, hijo, ¿Cómo vas a pedir limosna con tanto real?
- No, no, yo voy a pedir una limosna, mira, dónde hay un muleto, un piazo de palo pa’irme.

Puyando la tierra, así como el que anda pidiendo. Cogió él un piazo ´e palo y se puso un peacito ´e saco, un moralito viejo de esos negros, sucios y se lo tercio y se va. Y decía:
- Una limosnita por el amor de Dios.
- Dele un piazo ´e pan a ese muchacho.

Le daban el piazo ´e pan, lo echaba ahí. Más alante:
- Deme una limosnita por el amor de Dios.
- Dele una ñema a ese muchacho.

Le daban una ñema, la tiraban también. Y asi hasta que llego hasta la casa de la mama de él, de la abuela. Y llega:
- Una limosnita por el amor de Dios.
- Dele una ñema.
- No, yo no quiero ñemas, yo tengo dos ñemas aquí.

Y miraba, él ´taba viendo los brazos de la madre, que ´taban ´marrados de la bigueta, y él:
- ¿Por qué no me das esos huesos? Yo quiero esos huesos. Y se rascaba la cabecita.
- Muchacho del carajo. ¿Qué vas hacer con esos huesos? – Le decía la abuela.
- Una limosnita por el amor de Dios.
- Dele un centavo pues.
- ¡Ay! Yo tengo real aquí. Deme esos huesos.
¡Muchacho del carajo, que bicho de mierda! – decía la vieja - ¡Que va a fastidiar aquí este carajo!

Por fin la obstino. Se cansó la abuela.

- Dele esos huesos a ese carajo pa´ que se vaya ese bicho de mierda. Como yo no se quien lo mando pa´ cá a ese carajo – dice la vieja.
Y cortan la cabuya por ´onde tiene amarrao los brazos de la mujé´. Cuando él agarra esos brazos ¡Carajo!, se alegra y ¡búquiti! Que nos metió en el morral y botó ese palo pal cipote y se va corriendo pa´ la casa y llega:

- Mamaita, mañana nos vamos a echar una gran baño en la laguna, - decia él- y yo estriego mi mama y mama me estriega a mi. (restregar).

Se fue a la laguna, abrió la arena y metió los brazos y los tapó con tierra, que se le ablandaran ahí. Ese otro día, le dice:

- Mamá arre conmigo pa’ que nos vamos a bañar en la laguna.

Le hizo comer a la madre, le dio en la boca, y después que hicieron la digestión
de la comida, el sol alto ya:

- Vamos pues a bañar, este jabón pica mamá, pica, pica; este jabón pica bastante mamá.

Y llega:
- Mira mamá, cuando la esté bañando y le eche jabón en los ojos, no pele los ojos porque se pica, ¿sabe? Siéntese. Apriete los ojos porque se va a picar.

Y él cogía esos brazos y acomodando eso’deos y llenando esos brazos y templando.

- No pele los ojos porque se pica, se pica.
Y acomodando esos brazos hasta que los llenó llenito, como los tenía la muchacha cuando estaba joven. Y llegó ¡pam! Y le pegó un brazo, ¡pam! Y le pegó el otro. Y dijo:
- Menee los brazos.

Y se van pa’la casa a comé. Y de ahí pa’lante la madre haciéndole comía a su hijo, le lavaba la ropa y lo acostaba, lo limpiaba.


Friday, August 1, 2008

Recomendando libros para niños y adultos

Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Instituto Pedagógico de Caracas
Subprogramas de Especialización en Lectura y Escritura
Curso: Lectura para Niños y Jóvenes
Profesora: Norma González Viloria
Victor Mendizabal
“Desde el país de los monstruos
hasta la colección Alfaguara Infantil y Juvenil”
¿Quién no ha disfrutado de una travesura cuando se es pequeño?, o ¿quién no ha vivido como real la fantasía de la misma cuando ésta no se puede hacer? Tanto una como la otra cosa las vivió Max, el personaje creado con singular maestría por Maurice Sendak, para representar en su libro “Donde viven los Monstruos”, su viaje imaginario a través de días y noches hasta el país de los monstruos.

La aventura comienza cuando Max en medio de sus travesuras amenaza con comer a su madre, entonces ésta lo castiga en su cuarto… sin comer. Es en este momento cuando “se escapa (…) hacia un mundo fantástico donde se somete a experiencias que finalmente le permiten regresar al mundo normal como un individuo más ajustado, seguro de sí mismo y sabio” (Scott, s.f., c.p. Jones, 1989, p.165).

En el transcurso de este viaje Max, después de ser aclamado y vitoreado como el Rey de todos los monstruos, criaturas que querían hacer exactamente lo mismo que él, se sintió solo y quería estar donde alguien lo amara más que a nadie, sintió que ahí nadie se parecía a él y por eso ellos no le proveían de compañía verdaderamente significativa. Por consiguiente, Max comienza a entender que la felicidad no consiste en la independencia total.

Es entonces cuando al sentir un agradable olor a comida, y en medio de las amenazas de ser comido por parte de sus compañeros monstruos, empieza a retornar de su viaje de fantasía hacia la realidad. A pesar de todo lo que insisten los monstruos para que se quede, Max no regresa. Si lo hubiese hecho, hubiese sido víctima de sus propias emociones, lo cual hubiese sido su fin porque le habría impedido ser “capaz de volver a establecer relaciones sanas en el mundo real” (Jones, 1989, p.168). Por ello “entiende que debe abandonar ese mundo autista de completa auto-indulgencia si desea tener el amor genuino que ahora anhela” (Jones, 1989, p.168). El resultado final es que Max crece como persona, crece en autoestima.

Me he tomado la libertad de comenzar hablando del genial libro de Maurice Sendak, gracias al cual ganó la medalla Caldecott en 1963, en un ensayo sobre la colección Alfaguara infantil y juvenil, debido a que tal como Max tiene que enfrentar algunas cosas cuando niño para poder crecer, esta colección nos ofrece la oportunidad de enfrentar el mundo a través de algunas obras clasificadas según la edad de los niños a quienes van dirigidas. Por eso, paulatinamente, los van llevando de la mano, cual si fueran un mediador social en su tarea de crecer desde los 4 años hasta los 14 años, a través de libros que según edades no sólo reportan cambios en el color de la colección a la cual pertenecen, sino que también tienen cambios de temática, intereses y destinatarios, por ello encontramos la colección morada, azul, naranja, verde, amarilla y roja.

Cabe destacar como una de las innovaciones de la editorial, la serie infantil que describimos. Una serie destinada para que los más pequeños descubran la lectura y aprendan a leer a través de cuatro subseries, las cuales son: Pictocuentos, Pequicuentos, Descubrimos y Masletras, que incorporan a los autores de prestigio del mundo de los adultos, en más de 200 títulos, y que tienen como objetivo facilitar el descubrimiento del placer que hay en la lectura (
http://www.gruposantillana.com/general4.htm).

No dudamos en afirmar que al pobre Max probablemente no lo hubiesen mandado a la cama sin cenar, si hubiese leído uno de los títulos de esta colección, como lo es “Matilda”, de Roald Dahl. Nuestro amigo Max hubiese aprendido mucho de esta tan simpática como precoz niña, que en medio del enredo de verse en una escuela, cuya directora tiene por costumbre practicar lanzamiento de martillo con los niños y ser parte de una familia, cuyo padre tiene que escapar velozmente de la justicia por su negocio de extorsión de carros, Matilda sabe darle un vuelco feliz a su vida y decide, a tan corta edad, que quiere quedarse con su maestra. Sin embargo, todo lo logra gracias a su temprano hábito de la lectura.

Éste por cierto es uno de los libros de la colección Alfaguara, Serie Roja, la colección de mayor prestigio dentro del mercado nacional, destinada a niños mayores de 14 años, libros que han posibilitado que quienes son lectores de niños también lo sean de adultos, y que incluye en su haber autores de reconocida trayectoria tales como Bernardo Atxaga, Elsa Bornemann, Roy Berocay, Ángeles Caso, Roald Dahl, Michael Ende, Joan Manuel Gisbert, Fernando Lalana, Elvira Lindo, Ana Mª Machado, César Mallorquí, Andreu Martín, José María Merino, Rosa Montero, Juan Muñoz, Carmen Posadas, Yolanda Reyes, Manuel Rivas, Gianni Rodari, Javier Salinas, Fernando Savater, Jordi Sierra i Fabra, Suso de Toro, Alejandra Vallejo-Nágera y Mª Elena Walsh.

Ahora bien, con motivo de conmemorar sus 25 años, Alfaguara Infantil ha lanzado una nueva colección, llamada Próxima Parada.

En esta colección figuran títulos que se han convertido en auténticos best sellers como “Rebeldes”, de Nigel Hinton; “No pidas sardinas fuera de temporada”, de Andreu Martín; “El topo que quería saber quién había hecho eso en su cabeza”, de Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch; “Historia de Babar el elefantito”, de Jean de Brunhoff, o la saga de “Manolito Gafotas” de la escritora Elvira Lindo. Su personaje ha sido uno de los de mayor éxito de la literatura juvenil española de los últimos años.(Disponible en: http://www.accesomedia.com/display_release.html?id=6048)

Victoria Chapa, quien en el 2006 se desempeñaba como directora de la línea de bolsillo del grupo Santillana (Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/semana/bolsillo/crece/elpbabpor/20060603elpbabese_1/Tes), dijo que Próxima Parada "ha reunido las obras más emblemáticas de nuestro catálogo, junto con nuevos títulos adaptados a los gustos de los lectores de hoy en día. Además, se han incorporado autores de prestigio en la literatura de adultos" (http://www.accesomedia.com/display_release.html?id=6048). Próxima Parada editará, entre los 120 títulos previstos, textos de poesía y teatro para niños y jóvenes porque son géneros que pueden enriquecer e interesar al lector más joven.

Las historias de esta colección son sencillas, adaptadas a cada edad y en ocasiones con una profundidad tal, que a más de un adulto dejarían pensando. Es en ese sentido que es oportuno recordar que tal como dice Colomer (1999) “los mejores libros ilustrados son aquéllos que establecen un compromiso entre lo que los niños pueden entender solos y lo que pueden comprender a través de un esfuerzo imaginativo que se vea suficientemente compensado” (p. 28).

Finalmente, y por lo anteriormente señalado, he comenzado este ensayo hablando del libro “Dónde viven los Monstruos”, ya que aparte de ser uno de los que integran la serie verde limón, de esta colección, destinada a niños desde 3 años (www.buscalibros.cl/buscar.php?titulo=Donde%20Viven%20Los%20Monstruos&autor=Sendak,%20Maurice), posee una sencillez junto con una sensibilidad tal, que es capaz de atraer a niños menores de dos años y aún seguir cautivando a los adultos. Incluso la expresividad de este libro de la colección Alfaguara Infantil llega hasta tal punto, que ha conectado “a algunos niños autistas con el mundo de la realidad” (www.cuatrogatos.org/dondevivenlosmonstruos.html). Por eso no dudamos al afirmar que la Colección Alfaguara Infantil y Juvenil vale la pena leerla, examinarla y recomendarla a nuestros alumnos.
Referencias
  • COLOMER, T. (1999): Introducción a la Literatura Infantil y Juvenil. Madrid. Síntesis.
  • JONES, R. (1989): Donde viven los monstruos de Maurice Sendak: la poesía del libro álbum. En J. I. Muñoz y M. C. Silva (Comp.), El Libro álbum. Invención y evolución de un género para niños (pp. 164–175). Caracas: Banco del Libro.
Fuentes Electrónicas: